Una sola salud, un solo bienestar: la educación que necesita el futuro
El concepto de “Una sola salud, un solo bienestar” parte de una idea esencial: la salud humana, animal y ambiental están profundamente interrelacionadas. Aunque esta conexión ya era intuida desde la Antigua Grecia de manera empírica, durante siglos el conocimiento se organizó en disciplinas separadas. La salud se abordó desde la medicina, el medio ambiente desde la ecología y la convivencia social desde perspectivas éticas independientes. Sin embargo, las crisis actuales han demostrado que todos estos ámbitos forman parte de un mismo sistema interdependiente.
El cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la aparición de enfermedades emergentes evidencian que la salud del planeta y la de las personas no pueden entenderse de forma aislada. Por ello, incorporar el enfoque de “Una sola salud, un solo bienestar” en la educación ya no debería considerarse un complemento pedagógico, sino una necesidad fundamental para preparar a las nuevas generaciones frente a los desafíos del presente y del futuro.
Los niños y adolescentes crecerán en un contexto marcado por fenómenos que afectarán directamente su calidad de vida: olas de calor extremas, escasez de agua, inseguridad alimentaria y enfermedades relacionadas con el deterioro ambiental, especialmente las zoonosis. A pesar de ello, los sistemas educativos continúan organizando gran parte de los conocimientos de forma fragmentada. Las asignaturas suelen impartirse como compartimentos independientes, sin promover una comprensión global de cómo las acciones humanas repercuten tanto en la salud colectiva como en el equilibrio de los ecosistemas.
Esta falta de integración tiene consecuencias importantes. Muchos jóvenes llegan a la edad adulta sin comprender que la contaminación atmosférica afecta tanto a la salud respiratoria como a la biodiversidad; que la destrucción de bosques favorece la aparición de enfermedades infecciosas; o que las condiciones de vida de los animales influyen también en la seguridad sanitaria de las poblaciones humanas. Como resultado, los problemas ambientales y sanitarios suelen percibirse como crisis separadas, cuando en realidad forman parte de una misma realidad compleja.
El papel decisivo de la escuela
En este contexto, la escuela ocupa un lugar decisivo. La infancia y la adolescencia son etapas fundamentales en la construcción de hábitos, valores y formas de interpretar el mundo. Enseñar el enfoque de “Una sola salud, un solo bienestar” desde edades tempranas permitiría desarrollar una conciencia más crítica sobre la relación entre las personas y su entorno. No se trata únicamente de transmitir conocimientos científicos, sino de formar ciudadanos capaces de comprender que el bienestar individual depende también del bienestar colectivo y del equilibrio de la naturaleza.
Además, este enfoque contribuye a cuestionar una visión excesivamente antropocéntrica del progreso. Durante décadas, el desarrollo económico y tecnológico se presentó como un proceso basado en la explotación ilimitada de los recursos naturales. Aunque este modelo permitió importantes avances materiales, también impulsó prácticas que hoy amenazan la estabilidad ambiental del planeta. Educar desde la perspectiva de “Una sola salud, un solo bienestar” implica reconocer que los seres humanos no existen al margen de los ecosistemas, sino como parte de una red de vida donde todas las especies están conectadas.
Pandemia
La pandemia de COVID-19 evidenció claramente las consecuencias de ignorar esta interdependencia. La expansión de enfermedades zoonóticas mostró que la destrucción de hábitats naturales, el tráfico ilegal de fauna silvestre y ciertos modelos de producción intensiva incrementan los riesgos sanitarios globales. Sin embargo, incluso después de una crisis de tal magnitud, numerosos programas escolares continúan abordando la pandemia exclusivamente desde perspectivas médicas o higiénicas, sin analizar suficientemente sus causas estructurales y ambientales.
““Los niños y adolescentes crecerán en un contexto marcado por fenómenos que afectarán directamente su calidad de vida: olas de calor extremas, escasez de agua, inseguridad alimentaria y enfermedades relacionadas con el deterioro ambiental, especialmente las zoonosis”
Cooperación y responsabilidad compartida
Incorporar el enfoque de “Una sola salud, un solo bienestar” en la educación también puede fortalecer valores de cooperación y responsabilidad compartida. Comprender que las decisiones individuales tienen consecuencias sobre la comunidad favorece actitudes más solidarias y conscientes. En una sociedad marcada frecuentemente por el consumo excesivo y el individualismo, esta perspectiva adquiere una importancia especial. El cuidado del medio ambiente debe dejar de entenderse únicamente como una obligación ecológica para convertirse en una condición indispensable para garantizar la calidad de vida de todas las personas.
No obstante, la incorporación de este enfoque supone afrontar diversos desafíos. Muchos sistemas educativos continúan basándose en currículos sobrecargados y metodologías centradas en la memorización más que en el pensamiento crítico. Asimismo, las cuestiones ambientales suelen aparecer como contenidos secundarios dentro de asignaturas específicas, sin establecer conexiones reales con otros ámbitos del conocimiento. Para enseñar verdaderamente “Una sola salud, un solo bienestar” resulta imprescindible impulsar una educación interdisciplinaria en la que ciencias, ética, ciudadanía y sostenibilidad mantengan un diálogo permanente.
Formación docente
En este sentido, la formación docente ocupa un papel esencial. Los profesores necesitan herramientas y preparación adecuada para abordar estos temas desde una perspectiva holística. No basta con añadir nuevos contenidos a los manuales escolares; es necesario transformar las prácticas educativas y promover espacios de reflexión crítica. La educación ambiental no debe limitarse a campañas aisladas de reciclaje, sino convertirse en una dimensión transversal presente en toda la experiencia educativa.
“Enseñar el enfoque de “Una sola salud, un solo bienestar” desde edades tempranas permitiría desarrollar una conciencia más crítica sobre la relación entre las personas y su entorno”.
Escuela y comunidad
Otro aspecto fundamental es la relación entre la escuela y la comunidad. El aprendizaje sobre “Una sola salud, un solo bienestar” puede fortalecerse mediante experiencias vinculadas al entorno cercano. Los proyectos de biodiversidad, las campañas de salud pública o las actividades comunitarias permiten que los estudiantes comprendan de forma práctica cómo las acciones cotidianas influyen en el bienestar común. Estas experiencias favorecen una educación más participativa y conectada con la realidad social y ambiental.
Asimismo, este enfoque contribuye al desarrollo de competencias esenciales para el futuro, como el pensamiento crítico, la capacidad de colaboración y la toma de decisiones responsables. Comprender la complejidad de los problemas contemporáneos exige superar visiones simplistas y aprender a analizar las relaciones entre factores sociales, económicos y ambientales. La escuela tiene la responsabilidad de preparar a los estudiantes para afrontar estas situaciones desde una mirada ética e integradora.
En definitiva, las crisis actuales han demostrado que la salud humana no puede separarse de la salud del planeta. Continuar educando mediante modelos desconectados de esta realidad contribuye a perpetuar las prácticas que han favorecido el deterioro ambiental y social. Por ello, la escuela debe asumir un papel activo en la construcción de una conciencia colectiva más responsable y sostenible.
Incorporar el enfoque de “Una sola salud, un solo bienestar” en la educación significa preparar a las nuevas generaciones para comprender la profunda interdependencia que sostiene la vida. No consiste únicamente en enseñar contenidos sobre medio ambiente o prevención de enfermedades, sino en formar ciudadanos capaces de actuar con responsabilidad frente a los desafíos del presente y del futuro. Solo a través de una educación verdaderamente holística será posible construir una sociedad más consciente, solidaria y comprometida con el bienestar común.
Autor
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Mª de los Angeles Calvo Torras
Licenciada y Doctor en Farmacia por la Universitat de Barcelona (UB). Premio extraordinario de Licenciatura. Licenciada y Doctor en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Diplomada en Sanidad y Especialista en Microbiología y Parasitología. En la actualidad Catedrática emérita de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Ha publicado más de 280 trabajos de investigación. Ha colaborado en la redacción de capítulos de libros de Micología y Microbiología y es co-editor de libros de diversa temática. Ha dirigido 28 tesis doctorales. Ha recibido 14 premios por su labor investigadora o docente. Es Académica Numeraria o Correspondiente de varias Academias. Presidenta de la Academia de Ciencias Veterinaries de Catalunya ACVC) y vicepresidenta de la Real Academia Europea de Doctores (RAED). Experto de la CE. Fue Vice-Decana y Decana de la Facultad de Veterinaria de la UAB. Miembro del Consell Assessor de la Salut Publica Catalana y del Consejo Asesor del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) y miembro y portavoz de la Comisión Una sola salud, del Consell de Collegis Veterinaris de Catalunya. Fue elegida mujer más influyente en el año 2024 en el ámbito de la salud animal y de la veterinaria de España.