El premio Gordo de la lotería de Navidad a las localidades leonesas de La Bañeza, Villablino y Pola de Gordón volvió a llevar a los titulares los pavorosos incendios forestales del pasado verano de 2025. Pero ¿qué pasa cuando se apagan las pavesas?, ¿qué impacto produce el humo en la salud humana?, ¿qué papel tiene el cambio climático en la salud pública?

Julio Díaz es profesor de Investigación y codirector del Departamento de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del Instituto de Salud Carlos III. Lleva tres décadas investigando y publicando sobre cómo afectan las olas de calor (y de frío) a la mortalidad, algo que fue novedoso en su momento. Estos trabajos sirvieron para establecer las temperaturas que usa el Ministerio de Sanidad para establecer cuándo se produce una ola de calor y poner en marcha, a partir de 2004, planes de prevención.

“Trabajamos sobre extremos de calor específicamente sobre contaminación atmosférica, tanto química como acústica. También hemos investigado la relación entre sequía y salud mental y cómo los incendios forestales están relacionados con el cambio climático”, explica.

Uno de sus últimos trabajos publicados se ha centrado en enfermedades neurológicas: ha concluido que uno de cada ocho ingresos urgentes en hospital por esta causa se relaciona a corto plazo con la contaminación atmosférica. Este dato, como recalca, confirma “que el impacto de la contaminación es muy superior al de la temperatura, con independencia que haya olas de calor o frío”.

“Cuando sales a la calle, respiras partículas materiales en suspensión, ozono (O3) -que se dispara por los incendios forestales- y NO2 procedente del tráfico. Por eso recalco que el cambio climático implica, por supuesto, olas de calor. Pero también implica más contaminación, porque está haciendo que el anticiclón de las Azores -que es el que controla nuestro clima- sea cada vez más estable, más intenso y extenso, lo que causa un aumento de la contaminación, sobre todo del ozono”, alerta.

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es que están cambiando las causas de muerte e ingresos hospitalarios en España: antes se debían las partículas materiales y ahora se está observando que el ozono las está superando.

El experto recalca que los incendios no emiten ozono, emiten compuestos orgánicos volátiles “que son un precursor. Y el humo viaja cientos y hasta miles de kilómetros, como sucedió con el de los incendios de Canadá, que llegó hasta España. 

De hecho, hemos realizado estudios de cómo los efectos de un incendio forestal a 500-600 kilómetros se nota en la salud, con aumento de muerte y de los ingresos por causas respiratorias, cardiovasculares o por enfermedades mentales. Y no olvidemos que el propio incendio forestal emite muchísimos gases de efecto invernadero”.

Y, como concluye, el principal problema del cambio climático “es que todo se retroalimenta a escala global: un incendio forestal emite una gran cantidad de CO2, que intensifica el cambio climático que, a su vez, intensifica las condiciones para que se produzcan más incendios forestales. Por eso, hay que reducir la contaminación. Y hay que actuar ya”.

Estudio en 500 millones de europeos  

Anna Alari, de IsGlobal-Instituto para la Salud Global de Barcelona, ha publicado recientemente su investigación sobre el impacto en la salud de las partículas finas del humo de los incendios en más de 500 millones de personas en 32 países europeos. “Nos hemos centrado en las muertes causadas desde que se produce el incendio hasta una semana después. Y el efecto más agudo se produce a los dos días, aunque queda pendiente analizar el efecto específico por sexo o por grupos más vulnerables”, indica.

Países como Portugal tienen poca mortalidad pese a la gran cantidad de incendios forestales que sufre cada año. El motivo, según su criterio, es la fortaleza de las políticas públicas que se han puesto en marcha y considera que deben aplicarse en el resto de los países. El motivo, como coincide con Julio Díaz, es que a causa del cambio climático los incendios serán cada vez más frecuentes y virulentos.

“Cuando haya un incendio, todos debemos tomar precauciones y evitar en lo posible la exposición al humo. Pero especialmente niños, que no han desarrollado aún su sistema inmunológico, y personas mayores. Hay que intentar ir lo más lejos posible del incendio y, si no se puede, quedarse en casa con puertas y ventanas cerradas. Y, sobre todo, evitar hacer esfuerzos físicos al aire libre”, recomienda.  E insiste que debe seguirse investigando en este tipo de exposición “para adaptarnos mejor, porque el cambio climático es una realidad”.

Julio Díaz Jiménez es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid en la especialidad de Física de la Tierra y el Cosmos. Es Profesor de Investigación en el Instituto de Salud Carlos III y Co-Director de la Unidad de Referencia en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano de dicho Instituto. Es codirector del Observatorio en Cambio Climático y Salud.

Es coordinador del Grupo de Temperaturas Extremas del Ministerio de Sanidad y Asesor de la OMS en este tema. También asesora al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico en aspectos relacionados con los impactos en salud de la contaminación atmosférica química y acústica. Es autor de más de 300 publicaciones científicas en estas líneas de conocimiento.

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Anna Alari es investigadora postdoctoral es investigadora postdoctoral en ISGlobal. Está especializada en los impactos en la salud de las exposiciones ambientales. Obtuvo su doctorado (PhD) en enfermedades infecciosas en el Instituto Pasteur en Francia antes de cambiar su enfoque de investigación a la evaluación de la carga de enfermedad de los factores ambientales. Adquirió experiencia postdoctoral en el INSERM (Francia) y en la Universidad de San Diego (EE. UU.) antes de unirse a ISGlobal. Sus intereses de investigación se centran en los efectos del cambio climático y la contaminación del aire en la salud humana, con un enfoque particular en la comprensión de los factores ambientales que impulsan las enfermedades infecciosas.C

Javier Granda Revilla es periodista especializado en salud.

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