La fermentación de productos vegetales a partir de desechos de la industria alimentaria –tanto si el origen es de elementos directos como indirectos– puede representar una estrategia biotecnológica y de bioeconomía de gran interés a nivel nutricional y para la sostenibilidad y la economía, con claros beneficios para el enfoque Una Sola Salud. Este planteamiento se alinea con la economía circular y la alimentación y nutrición personalizada o de precisión, permitiendo no solo la valorización de subproductos para el desarrollo y producción de productos alimenticios sino también el desarrollo de soluciones innovadoras para la prevención y manejo de determinadas patologías o enfermedades no transmisibles de carácter crónico.
Se ha observado un efecto sinérgico entre estos compuestos en el crecimiento de bacterias beneficiosas como Lactobacillus y Bifidobacterium; salud inmunológica: metabolitos secundarios derivados de la fermentación (como catequinas y ácidos fenólicos) presentan potencial inmunoestimulante, contribuyendo a la protección frente a infecciones y a la modulación de la respuesta inflamatoria; salud metabólica: la inhibición de enzimas digestivas como α-amilasa y α-glucosidasa sugiere una posible utilidad en el control postprandial de la glucosa, lo cual es relevante para la posible prevención de diabetes tipo 2; salud cardiovascular: polifenoles derivados de matrices como la uva y el tomate pueden presentar propiedades vasodilatadoras y antioxidantes, lo que puede contribuir a la mejora del perfil lipídico en plasma y a la reducción de la presión arterial.
La fermentación en estado sólido (Solid State Fermentation-SSF, por sus siglas en inglés) de matrices vegetales con hongos filamentosos como por ejemplo del género Aspergillus y Rhizopus ha demostrado un notable potencial para transformar deshechos agroindustriales en ingredientes funcionales con propiedades bioactivas y evitar residuos con mayor o menor impacto ambiental.
Existe ya una base científica sobre los fermentados vegetales que se basa a partir del proceso de fermentación que modifica las propiedades químicas, nutricionales y funcionales de los sustratos vegetales, pudiéndose incrementar la biodisponibilidad de determinados micronutrientes y generando metabolitos secundarios bioactivos. Además, aparte de la actuación sobre el material vegetal, los hongos filamentosos empleados en la SSF secretan una amplia gama de enzimas hidrolíticas (como celulasas, xilanasas y pectinasas), responsables de la degradación de las paredes celulares vegetales, lo que facilita la liberación de compuestos fenólicos que cada vez se están viendo más su actividad, sobre todo antioxidante, en la fisiología humana y también fibras solubles y oligosacáridos con claro potencial prebiótico.
Efectos beneficiosos
Entre los principales efectos beneficiosos de la fermentación destacan: la mejora de la digestibilidad, el aumento de la actividad antioxidante por la presencia de determinados compuestos y la producción de metabolitos secundarios con propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias e inmunomoduladoras. La base científica está avanzando a un nivel sorprendente y no solo en la identificación de sustancias y compuestos secundarios si no en ensayos in vitro e incluso in vivo donde se demuestran el efecto, no solo directo, sino también modulador en determinados procesos metabólicos.
Diversas matrices lignocelulósicas se han utilizado como base para estos fermentados: desde subproductos de la industria hortofrutícola generados como desechos en la producción y transformación de material vegetal (pieles, pulpas, semillas de tomate, zanahoria, uva), hasta residuos de cereales como el salvado de trigo o el bagazo de cebada, en este caso, uno de los que más se están estudiando en este momento, por el impacto medioambiental que tiene su producción como material de desecho y residuo a la hora de la elaboración de la cerveza. Estas materias primas destacan por su alto contenido en fibra, compuestos fenólicos y algunas vitaminas.
Además, se ha explorado la fermentación de mezclas vegetales compuestas por verduras (70%), frutas cítricas y otras frutas (20%) y pan seco (10%), obteniendo productos alimenticios funcionales con alta densidad nutricional.
La fermentación en estado sólido con cepas, por ejemplo, como Aspergillus oryzae o Rhizopus oryzae produce compuestos bioactivos basados en extractos enriquecidos en compuestos fenólicos como fenoles, flavonoides, ácidos orgánicos (láctico, málico, succínico), aminoácidos esenciales y ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados. En particular: polifenoles: la fermentación libera y transforma compuestos fenólicos originalmente ligados a la fibra vegetal, aumentando su biodisponibilidad con lo que conlleva aumentar su potencial antioxidante. Se ha observado un incremento en la capacidad antioxidante total [evaluada mediante el 2,2′-azino-bis (3-etilbenzotiazolina-6-sulfónico) (ABTS), el 2,2-Difenil-1-Picrilhidracilo (DPPH) y el Ferric Reducing/Antioxidant Power (FRAP)]; ácidos orgánicos: su producción al perfil sensorial; enzimas: facilitan la producción y la funcionalidad prebiótica e inmunomoduladora del extracto; proteínas: se mejora la digestibilidad proteica; aminoácidos esenciales: incremento de la proporción , por ejemplo, leucina y lisina, lo que sugiere aplicaciones en nutrición clínica y regeneración tisular.
Los extractos fermentados de origen vegetal presentan múltiples propiedades con posible actividad fisiológica lo que sería de máxima utilidad de aplicación en la salud humana que podrían tener un impacto significativo en la prevención y manejo de diversas condiciones de salud, así como de determinadas patologías como es el caso de la enfermedades no transmisibles: salud digestiva: la fracción prebiótica, compuesta por fibras fermentables y compuestos fenólicos, favorece la modulación positiva de la microbiota intestinal, así como la posible producción de metabolitos primarios y secundarios.
Las cepas utilizadas en los procesos descritos están reconocidas como seguras [Generally Recognized As Safe (GRAS), por sus siglas en inglés], pues imprescindible trabajar en este campo con todos los criterios de Seguridad Alimentaria y de Análisis del Riesgo basado en la determinación, gestión y comunicación del riesgo, pero con viabilidad tecnológica desde procesos y plantas pilotos llevarlos a producción industrial. No se detectaron la producción micotoxinas ni otros metabolitos tóxicos en los extractos, aunque se recomienda llevar a cabo estudios de toxicidad subcrónica y crónica para su uso nutracéutico o farmacológico, y estudios como en el caso de los nuevos alimentos, sobre periodo de 15-25 años.
Características técnico-sanitarias
Desde el punto de vista tecnológico, los extractos vegetales fermentados, hasta este momento, en los estudios realizados de calidad técnico-sanitarias, muestran buena estabilidad térmica, posibilidad de microencapsulación y propiedades fisicoquímicas adecuadas (pH, viscosidad, solubilidad) para su incorporación en productos alimenticios, incluidos los complementos alimenticios. Se ha reportado que estos extractos pueden presentarse en forma de polvo liofilizado con baja humedad (<10%) y alta estabilidad a temperatura ambiente.
Aunque algunos desarrollos están enfocados inicialmente a la nutrición animal (por ejemplo, extractos probados en lubina con resultados inmunoprotectores), su perfil bioquímico y funcional es altamente compatible con aplicaciones en salud humana, lo que implica claramente la existencia y potencialidad de desarrollo en aplicaciones actuales y perspectivas futuras. Los próximos pasos a nivel científico-técnico, incluyen: ensayos clínicos en humanos que validen los efectos bioactivos observados in vitro e in vivo; estudios de estabilidad e interacción de los compuestos fermentados en matrices alimentarias reales; desarrollo de formulaciones específicas para nutrición personalizada (por ejemplo, en poblaciones con riesgo metabólico o inmunosupresión); evaluación económica y ambiental para el escalado industrial de estos ingredientes, garantizando sostenibilidad y eficiencia.
La fermentación de subproductos vegetales provenientes de desechos o desperdicios con hongos filamentosos constituye una estrategia científico-técnica consistente para poder obtener ingredientes funcionales con alto valor añadido y evitar la producción de residuos orgánicos de forma generalizada. Esta nueva tecnología aplicada no solo permite la valorización de residuos agroalimentarios, sino que también genera compuestos con actividad biológica demostrada que pueden contribuir a la promoción de la salud humana.
Las propiedades antioxidantes, antimicrobianas, prebióticas, inmunomoduladoras y metabólicas de estos fermentados vegetales abren nuevas posibilidades en la formulación de alimentos con capacidad funcional, tanto a nivel de productos alimenticios con matriz alimentos como complementos alimenticios (presentación en formato farmacológico), posicionándose como una herramienta clave en la nutrición del futuro.
Bibliografía
AZTI. Ingredientes y extractos funcionales a partir de frutas y verduras fermentadas con hongos filamentosos. Web AZTI. [Consultado el 2 de mayo de 2025]. Disponible en: https://www.azti.es/productos/ingredientes-y-extractos-funcionales-a-partir-de-frutas-y-verduras-fermentadas-con-hongos-filamentosos/
Catalán Campillo E. Aplicación de análisis de ciclo de vida a tecnologías emergentes de valorización de residuos orgánicos: el caso de la fermentación en estado sólido (FES). Universidad Autónoma de Barcelona. 2019:1-259. Disponible en: https://tesisenred.net/bitstream/handle/10803/669644/ecc1de1.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Prieto Lozano GA, Torres Rodriguez Y. Desarrollo de un proceso de fermentación en estado sólido (SSF) para la obtención de proteínas durante la valorización de residuos orgánicos en biorreactores a escala laboratorio. Facultad de Ingeniería. Universidad Cooperativa de Colombia.2020:1-57. Disponible en: https://repository.ucc.edu.co/server/api/core/bitstreams/9c6777ff-b2e6-48e8-92b1-60915e1bb2a0/content
Suárez-Contreras LY, Peñaranda-Figueredo FA. Identificación molecular de hongos filamentosos y su potencial biotecnológico. Revista Biotecnología en el Sector Agropecuario y Agroindustrial. 2022;20:194-206. Doi: https://doi.org/10.18684/rbsaa.v20.n1.2022.1914
El Profesor Dr. Rafael Urrialde es experto en alimentación, seguridad alimentaria, nutrición, sostenibilidad y salud. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), es técnico especialista en Ciencias Ambientales por la misma universidad y Postgrado en Nutrición por la Universidad de Granada. En la actualidad es Profesor Asociado en la Unidad de Fisiología Vegetal del Departamento de Genética, Fisiología y Microbiología en la Facultad de Ciencias Biológicas de la UCM y Profesor Asociado del Área de Nutrición y Bromatología del Departamento de Ciencias Farmacéuticas y de la Salud de la Facultad de Farmacia de la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Es Académico Numerario de la Real Academia Europea de Doctores (RAED), Académico de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética (AEND), miembro del Comité Científico de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y presidente de la Comisión Científica de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED). Su trayectoria profesional anterior incluye su paso por la Unión de Consumidores de España (UCE), la revista Ciudadano de la Fundación Ciudadano y distintas compañías de alimentación y bebidas. Además, es Vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Nutrición (SEÑ) y también pertenece a otras sociedades científicas en el ámbito de la alimentación, seguridad alimentaria, nutrición y dietética (SENC, AEND, SESAL y SEMED), al Patronato de la FEN y a la Asociación Andrés Laguna para la Promoción de las Ciencias de la Salud.
