La inmunonutrición o la interacción entre la nutrición y la inmunidad es un área de conocimiento relativamente novedosa. Como es bien sabido, con el fin de mantener un buen estado de salud, el cuerpo humano desarrolla una serie de sistemas de defensa naturales que son muy complejos para protegerse de agentes externos y factores ambientales nocivos que intentan invadir el organismo. Además, la inmunonutrición es una materia emergente y transversal que ayuda en la evaluación de cambios metabólicos y en la prevención de diversas patologías, su desarrollo y sus consecuencias. Por ello, en la actualidad existe un gran interés por estudiarla y desgranar su papel para mejorar la salud, por un lado, evitando el ataque de patógenos que puedan ser origen de infecciones, o bien para prevenir el desarrollo de enfermedades no transmisibles, siempre relacionadas con la inmuno-inflamación.
Se ha denominado la inmunonutrición como la nutrición y las 4 “Ies” por su interacción con la Inmunidad, la Infección, la Inflamación y los procesos de daño tisular (en inglés, Injury). Existen multitud de agentes extraños que pueden atacar el organismo, como son las bacterias, los virus, los hongos y parásitos en general, que podrían producir una infección; los alérgenos, por su parte, que se encuentran en los alimentos y determinadas sustancias del medio ambiente, pueden dar lugar a alergias de mayor o menor entidad, pero que, en algunos casos, incluso pueden aumentar los índices de morbimortalidad.
Por otro lado, somos conscientes de que cualquier situación de malnutrición, bien por defecto o por exceso, puede ocasionar una alteración importante del sistema inmunitario, como tiene lugar en desnutrición, particularmente en el caso de las patologías relacionadas con los trastornos alimentarios o directamente con la obesidad. En este último aspecto, partiendo del conocimiento de que la obesidad viene definida como una inflamación de bajo grado, existe evidencia científica sobre el desarrollo de otros procesos inflamatorios, íntimamente relacionados con el sobrepeso y la obesidad, como son las enfermedades cardiovasculares, alteraciones autoinmunes, y trastornos neurológicos, además de determinados tumores. Sin embargo, no se pueden olvidar otros factores, como la actividad física, el sedentarismo, el balance neuroendocrino, y en particular, las situaciones de estrés, que pueden ocasionar daño tisular (Injury), afectando la interacción nutrición-inmunidad en diversas patologías.
Asimismo, un papel importante en todo ello es el que adquiere la genética, y hasta qué punto, el estilo de vida puede generar cambios en el metabolismo, solapando en ciertos aspectos lo que podría estar programado por los propios genes del individuo.
“Los genes de nuestro microbioma superan en número a los genes de nuestro genoma en una proporción de 150 a 1”
Sin embargo, no menos importante, sino en un contexto más novedoso aún, empieza a haber una gran expectativa sobre el papel que toda la microbiota -sobre todo la intestinal- puede jugar en la fisiología y metabolismo humano interaccionando con la genética, la nutrición y los sistemas inmunitario, endocrinológico y nervioso, algo que hace dos décadas no se preveía su impacto en la salud, y en la actualidad está generando una gran profusión de estudios de investigación. Vemos cómo diversas materias pueden aunarse y confluir en el desarrollo del conocimiento para beneficiarnos de posibles nuevas intervenciones y terapias que promuevan un mejor estado de salud.
El término microbiota intestinal se refiere a la suma de todas las comunidades de microorganismos (bacterias, arqueas, levaduras, virus) que colonizan el tracto gastrointestinal. La microbiota intestinal regula diversas vías metabólicas en el organismo, incluyendo la homeostasis energética, así como el metabolismo glucídico, lipídico y de ácidos biliares. El intestino humano, principalmente el intestino grueso, y en particular el colon, alberga el mayor número de microorganismos en el cuerpo, en comparación con otras zonas del organismo, la mayor parte en contacto con el exterior y caracterizadas por tener mucosa (piel, órganos sexuales, boca, orificios nasales, oídos), accesibles a tener un contacto muy estrecho con dichos microorganismos, bien beneficiosos o patógenos.
El número y el tipo de microorganismos difiere a lo largo del tracto gastrointestinal, y su distribución está determinada por el pH, la disponibilidad del oxígeno y los nutrientes, las tasas de flujo digestivo y enzimas secretadas. Por ejemplo, la concentración de bacterias en el estómago es relativamente pequeña (10 unidades formadoras de colonias (ufc)/g), aumentando a lo largo del tracto gastrointestinal hasta llegar a 107 ufc/g en el íleon y 1012 ufc/g en el colon. Parece ser que en total el intestino humano contiene 1014 bacterias que representan 10 veces el número total de células humanas. Los genes de nuestro microbioma superan en número a los genes de nuestro genoma en una proporción de 150 a 1.
El desarrollo de la microbiota intestinal comienza en el nacimiento, desempeñando un papel clave en la maduración del sistema inmune del huésped, incluyendo la protección contra patógenos y el aporte y absorción de nutrientes.
La actividad de la microbiota es una necesidad fundamental para varias funciones de nuestro organismo, incluida la maduración de las células inmunitarias, la degradación y absorción de los alimentos, la producción de vitaminas, la protección contra patógenos y el comportamiento. Los microorganismos, una vez introducidos en el organismo, son capaces de liberar diversos productos metabólicos (postbióticos) que controlan el crecimiento de las células epiteliales, potencian o modulan el sistema inmunológico, afectan el desarrollo y la conducta cerebral.
Por estas razones, la microbiota debe ser retenida dentro del cuerpo. Esto tiene dos consecuencias principales: el organismo huésped tiene que hacer frente a estos microorganismos, evitando el establecimiento de inflamación e inmunidad destructiva. Y, por el contrario, la composición de la microbiota debe ser óptima para llevar a cabo todas estas funciones sin amenazar la salud del huésped.
La función principal del sistema inmunitario intestinal es controlar la exposición de las bacterias a los tejidos del huésped para prevenir fundamentalmente el impacto que puedan tener los patógenos en el organismo. Algunos autores han sugerido que las respuestas inmunes innatas y adaptativas influyen en la composición de las bacterias entéricas y en las alteraciones luminales de la disminución de la diversidad bacteriana y la expansión de especies seleccionadas durante la inflamación por diversas causas.
Por todo ello, el estudio de la inmunonutrición trata fundamentalmente de promover la calidad de vida, con el fin de prevenir infecciones y procesos de inflamación, que se corresponden a muchas enfermedades actuales, y siempre vigilando la alimentación, la actividad física, las situaciones de estrés, y el peso.
Curso Inmunonutrición, Sostenibilidad y Salud
Hemos celebrado ya cinco jornadas de actividad formativa para profesionales de la salud organizadas por la Real Academia Nacional de Farmacia de España bajo mi dirección junto con la de nuestro querido Prof. Dr. Francisco Sánchez Muniz, y el próximo mes de noviembre se celebrará el sexto curso titulado: “Inmunonutrición, Sostenibilidad y Salud”.
Bibliografía
Marcos Sánchez A., Nova Rebato E., Gómez-Martínez S., Díaz Prieto LE. Qué sabemos de: Inmunonutricion? 2024. Editorial Catarata. ISBN-10, 8413526965; ISBN-13, 978-84-1352-696-6
Marcos A. ed. Inmunonutrición: en la salud y la enfermedad. 2011. Editorial Médica Panamericana, Madrid. 2011. ISBN: 978-84-9835-402-7 Marcos A. ed. Inmunonutrición y estilo de vida. 2019. Editorial Médica Panamericana, Madrid. 2019. ISBN- 978-84-9110-120-8
Ascensión Marcos Profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la profesora Ascensión Marcos es pionera en el campo de la Inmunonutrición. Fundadora del Grupo de Investigación del CSIC, es presidenta de la International Society for Immunonutrition (ISIN). Past-President de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) y de la Federation of European Nutrition Societies (FENS). Vocal Sociedad Española de Nutrición (SEÑ), Vocal Asuntos Institucionales Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (SEMiPyP). Académica de Número de la Real Academia Nacional de Farmacia y Académica de Número Electa de la Real Academia de Doctores de España y la Real Academia de Farmacia de Cataluña. Profesora Honorífica de la Universidad Complutense de Madrid por el Departamento de Inmunología de la Facultad de Medicina y del Departamento de Nutrición y Ciencias de la Alimentación de la Facultad de Farmacia. 101 proyectos, 602 publicaciones. Premios más prestigiosos: Contribución al estudio de la Nutrición e Inmunología (Nutritional Immunology International Group-1997), Instituto Danone (2014), Medalla del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF-2018), Contribución a la Ciencia como Mujer Científica (CGCOF-2021), “Mujer Científica Sénior en el Ámbito de la Actividad Física y la Salud a Nivel Internacional, Nacional y Regional (Proyecto de Innovación Docente de la Universidad Castilla-La Mancha-2021), Personalidad Farmacéutica en Nutrición (CGCOF-2022). Premio Admirables en la categoría Investigación (Diario Médico/Correo Farmaceútico-2025).
