El envejecimiento en salud de la población constituye uno de los más altos logros que una sociedad puede alcanzar. España tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo (86,08 años en mujeres y 80,43 años en hombres) pero una esperanza de vida en buena salud de 61,2 años, según datos del Ministerio de Sanidad para el año 2022. Las proyecciones demográficas muestran un panorama europeo con una disminución del tamaño de la población y un aumento de la proporción de personas mayores de 65 años.
En 1986 fue publicada la Carta de Ottawa. En este documento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definía la promoción de la salud como un proceso político y social que busca mejorar las condiciones de salud de la población. Se mencionaban cinco estrategias clave para llevar a cabo esta mejora: elaboración de políticas públicas saludables, creación de entornos favorables, refuerzo de la acción comunitaria, desarrollo de aptitudes personales y orientación de los servicios de salud.
Desde entonces son muchos los países en la Unión Europea que han buscado transformar sus políticas, en busca de la creación de entornos que permitan a las personas disfrutar de una vida digna, saludable y participativa con el objetivo de optimizar el bienestar físico, mental y social a lo largo de toda la vida.
Para alcanzar esto es fundamental la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad durante todas las etapas de la vida y de forma más consistente en la de las personas mayores. Para ello, la OMS a finales de los años 90 adoptó el término envejecimiento activo y lo definió como un proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida al envejecer. Este concepto se refiere a algo más que a la promoción del plano físico como el aumento de la actividad, movimiento o ejercicio físico, sino también al plano emocional, espiritual, social, económico y cultural.
Algunas de las áreas de intervención política que se han implementado son la adaptación de los entornos laborales a las necesidades de los trabajadores mayores y la lucha contra la pobreza en la vejez, la implementación de sistemas de salud integrales y centrados en la persona que promuevan la vida saludable y reduzcan la dependencia, mejorar el acceso a los servicios adaptando las infraestructuras, el fomento de la participación social de las personas mayores, promoviendo el aprendizaje con formación continua a lo largo de la vida, incluyendo también la adquisición de habilidades digitales.
Históricamente las sociedades han pasado de ver a las personas mayores como fuentes de sabiduría a percibirlos como cargas sociales, pero actualmente nos encontramos ante la transformación de la visión del envejecimiento. En este sentido, el concepto de envejecimiento activo representa un cambio social hacia la valoración de la vejez como una etapa de participación, desarrollo personal y contribución social. Nos encontramos ante el escenario perfecto, con un aumento en la esperanza de vida, mejoras en la salud y promoción de políticas que buscan la integración intergeneracional, la lucha contra la soledad y el desarrollo de un entorno que valore a las personas mayores como agentes activos en la comunidad.
Ante este panorama con grandes avances y oportunidades en promoción de la salud, nos vemos abocados a formar parte de este cambio, siendo nosotros mismos, la población general, los promotores de dicho cambio y ser capaces de utilizarlos a nuestro favor siendo partícipes y asumiendo el control activo sobre las decisiones y acciones que afectan a nuestra salud. El envejecimiento activo ya no debe verse como un artículo de lujo al que solo algunos tienen acceso por motivos sociales o económicos, sino que ha de verse como una oportunidad para todos, fácil de conseguir y a la que debemos optar desde edades tempranas, ya que el envejecimiento ocurre a lo largo de toda la vida.
Bibliografía
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Paloma Díaz de Herrera es enfermera especialista en geriatría vía EIR por el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, Madrid. Máster en cuidados paliativos por la Universidad de Valladolid. Máster de Formación Permanente en Administración y gestión por la universidad Pontificia de Salamanca. Socia de la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética-AdENyD. Colaboradora docente en Universidad autónoma de Madrid en la asignatura de enfermería del anciano 2019-2021, 2024-2025 y en las asignaturas de cuidados paliativos y enfermería del anciano en la escuela de enfermería FJD- Campus Villalba 2022-2024.
Actualmente trabajo en Hospital Universitario Infanta Sofía de Madrid como enfermera especialista en geriatría.
