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¿Quién cuida cuando todos venden? La comunicación en salud y los influencers

Hay un tipo de contenido de salud que consumimos sin pensar demasiado en él: un vídeo de apenas doce segundos, una promesa concreta y miles de guardados. Ninguna fuente, ninguna duda, ningún matiz. Lo vemos, lo guardamos, seguimos con el scroll. Y, sin embargo, detrás de ese gesto tan simple hay una pregunta que llevo tiempo dándole vueltas: ¿cuándo dejamos de contar historias que cuidan para empezar a acumular seguidores? Porque no es la primera vez que la comunicación evoluciona y la manera de contar historias cambia. Lleva haciéndolo casi un siglo. Y entender ese recorrido ayuda a entender por qué hoy la salud se cuenta como se cuenta.

Cinco décadas contando historias distintas

Para entender todo esto, hay que analizar cómo la publicidad nunca ha dejado de usar el storytelling, solo ha ido cambiando de modelo según la época. Primero fue la persuasión: vender una cualidad única del producto, como hacía Claude Hopkins con su preemptive claim. Luego llegó la implicación: marcas como Nike dejaron de mostrar el producto para vender un espíritu — “There is no finish line”. Después, la disrupción, con marcas que se atrevían a cuestionarse a sí mismas, como Patagonia pidiendo no comprar su propia ropa. Y, por último, la era en la que seguimos: la de la conversación y el engagement, donde lo que importa ya no es el espacio publicitario, sino el tiempo de atención que alguien te regala.

Ningún modelo sustituye al anterior del todo. Se van acumulando. Pero el último ha traído un giro que, en salud, merece detenerse a mirar con cuidado.

La evolución del storytelling publicitario

Cuatro modelos que se han ido acumulando, no sustituyendo

1

Persuasión

Claude Hopkins

“Preemptive claim”

2

Implicación

Nike

“There is no finish line”

3

Disrupción

Patagonia

“Don’t buy this jacket”

4

Conversación y engagement

Influencers

Cuando la comunidad pesa más que el mensaje

En este momento actual, la marca ha dejado de contar su propia historia. Prefiere apoyarse en alguien que ya tiene comunidad, que ya tiene confianza acumulada. El consultor Jean-Noël Kapferer lo resumía así: “la marca como simple promesa del producto ya no existe. Es necesario un proyecto que prolongue la marca más allá de su producto”. Es difícil no leer esa frase pensando en salud: el profesional sanitario como simple fuente de información fiable tampoco existe ya del todo. Hoy, para que un consejo de salud llegue, parece que también hace falta sostener un personaje: presencia constante, cercanía, un formato reconocible, una comunidad propia.

La comunicación basada en creadores de contenido y/o influencers no se apoya tanto en construir un relato con sentido como en el intercambio casi continuo de referencias entre esa persona y su público. Es un modelo que funciona bien para vender zapatillas. En salud, plantea un problema bastante más importante.

“El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters de Periodismo, elaborado junto a la Universidad de Navarra, sitúa ya en un 40 % los españoles que se informan a través de influencers”

Un modelo pensado para vender, no para cuidar

Cuando Nike vende espíritu deportivo, lo peor que puede pasar es que el mensaje no conecte. Cuando alguien sin formación sanitaria vende un consejo de salud con el mismo lenguaje de engagement — polémica, promesa fácil, urgencia — lo que está en juego es la salud real de alguien que te está escuchando. Y aquí los datos son claros: un estudio de la Universidad de Sydney publicado en JAMA Network Open analizó cerca de mil publicaciones de Instagram y TikTok sobre pruebas médicas con casi 200 millones de seguidores combinados, y encontró que el 85 % contenía información engañosa, con más de dos tercios de esos influencers cobrando por promocionar lo que anunciaban. El investigador Ray Moynihan llegó a describir las redes sociales como “una cloaca abierta de desinformación médica”, una crisis que agrava el sobrediagnóstico y presiona a sistemas sanitarios ya tensionados.

Y no es un fenómeno marginal: el Digital News Report 2026 del Instituto Reuters de Periodismo, elaborado junto a la Universidad de Navarra, sitúa ya en un 40 % los españoles que se informan a través de influencers, mientras que un 74 % reconoce que le cuesta distinguir lo verdadero de lo falso en internet, una preocupación que crece especialmente entre quienes tienen menor formación. Comunicar salud hoy no es solo competir por la atención: es competir por sostener el rigor en un ecosistema que premia justo lo contrario.

Y encima, la IA generativa acelera el problema

Si esto ya era un terreno inestable, la irrupción masiva de la IA generativa lo está removiendo todavía más. Lo he visto reflejado con claridad en un debate que escuché en la radio, que conectaba con algo que llevaba tiempo leyendo sobre los carteles de las fiestas locales en muchos pueblos de España: diseñadores denunciando cómo la IA está produciendo imágenes visualmente similares entre sí, con errores evidentes y sin la reflexión ni el respeto por la identidad de quien encarga el trabajo. Lo llamativo no es el error técnico —un personaje con seis dedos se corrige rápido—, sino lo que hay detrás: una generación de creadores más jóvenes que se está saltando la fase de aprendizaje y creación crítica que antes formaba el oficio. Toda fase de aprendizaje tiene etapas que no se pueden saltar, porque si no, no llegamos a tener la imagen completa ni el contexto de lo que estamos haciendo. Perdemos criterio y capacidad crítica frente a un contenido que damos por valioso sin cuestionarnos absolutamente nada.

Trasladado a salud, el paralelismo es directo. Si dejamos que un modelo genere el artículo, el carrusel o el guion sin pasar por el criterio de alguien que sabe de lo que habla, no solo perdemos originalidad: perdemos exactamente la fase de reflexión que hace que un contenido de salud sea responsable y no solo publicable. Y hay un segundo problema, menos visible pero igual de importante: buena parte de estas herramientas se han entrenado sobre contenidos protegidos, sin consentimiento, en lo que ya se describe como un auténtico “extractivismo” de datos y obras ajenas, con una regulación europea que, hasta hace apenas unos días, dejaba buena parte de la responsabilidad en manos de quien publica.

Precisamente por eso, el 2 de agosto de 2026 ha entrado en vigor el artículo 50 del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, que obliga a etiquetar de forma clara y visible los contenidos generados o alterados sustancialmente por IA —textos, imágenes, audio y vídeo—, con sanciones que pueden llegar a millones de euros. Es una buena noticia. Pero también una foto fija de hasta qué punto habíamos normalizado publicar sin decir quién, o qué, había escrito realmente lo que estábamos leyendo.

“Cuando alguien sin formación sanitaria vende un consejo de salud con el mismo lenguaje de engagement — polémica, promesa fácil, urgencia — lo que está en juego es la salud real de alguien que te está escuchando”

Seguidores no son sinónimo de rigor científico

Hay una pregunta, dentro de todo esto, que llevo tiempo sin poder resolver del todo. Hemos aprendido a medir el valor de un contenido de salud por su alcance: seguidores, guardados, comentarios. Pero tener comunidad no equivale a tener criterio clínico y/o científico, y sin embargo hoy funcionan casi como sinónimos. El propio análisis de perfiles sanitarios en Instagram lo confirma: crecen a la vez los influencers sin ninguna formación en salud y los profesionales con conocimiento real que intentan combinar rigor y capacidad de conectar, y ambos compiten con la misma métrica.

Así que antes de guardar el próximo consejo de salud que veas en redes, quizá merece la pena hacerse tres preguntas sencillas: ¿quién hay detrás de esto? ¿Tiene formación, o solo tiene una cámara y buenas artes escénicas? ¿Este contenido me cuida a mí, o solo alimenta un algoritmo? No hacen falta más criterios que esos. Pero sí hace falta empezar a planteárselos, porque si no lo haces tú, el algoritmo no está nada por la labor.

Lo que todavía no sé responder

Todo esto me devuelve al debate de fondo: ¿qué valor va a tener, de verdad, estar en redes? ¿Entretener, o dar el mejor consejo? Puede que durante un tiempo pensáramos que esas dos cosas no eran incompatibles. ¿Necesitamos una insignia que diferencie a los creadores de contenido o influencers de los profesionales sanitarios? Cada vez tengo más dudas.

Lo que sí tengo claro es esto: la historia de la comunicación enseña que ningún modelo dura para siempre, que todos acaban conviviendo con el siguiente. Puede que el próximo giro no sea hacia más engagement, ni hacia más IA sin criterio, sino hacia algo que llevamos olvidando demasiado tiempo: volver a comunicar salud pensando primero en quien nos lee, y solo después en quien nos mira. No sé si eso también es una historia. Pero es, sin duda, la que a mí me interesa seguir contando.

Fuentes consultadas

Instituto Reuters de Periodismo / Universidad de Navarra (2026). Digital News Report 2026. reddeperiodistas.com

Nickel, B., Moynihan, R., Gram, E. G., et al. Social Media Posts About Medical Tests With Potential for Overdiagnosis. JAMA Network Open. 2025;8(2):e2461940. doi:10.1001/jamanetworkopen.2024.61940

Sancho Belinchón, C. (2025). “La divulgación de contenidos de salud en Instagram: análisis de influencers especializados”. European Public & Social Innovation Review, 10, 1–16. epsir.net

Comisión Europea (2026). Entrada en vigor de las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento de Inteligencia Artificial (2 de agosto de 2026). hipertextual.com

Lamarre, G. Storytelling como estrategia de comunicación. Editorial GG. Capítulo “Las edades de la publicidad”.

Nota de transparencia: se ha usado IA generativa para revisar la ortografía y parafrasear algunos párrafos.

Autor

  • Pedro Soriano es enfermero y divulgador científico especializado en comunicación en salud. Actualmente dirige el Máster Universitario en Salud Digital (eHealth) de la Universidad Europea de Madrid y el Área de Relaciones Públicas y Portavocía del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid. Es la voz detrás de @EnfermeroenRed, presenta el podcast El Relevo y edita la newsletter quincenal Comunicar Cuida. Su trabajo ha sido recogido en medios como El País, ABC, La Vanguardia o COPE, y colabora habitualmente como ponente y moderador en congresos y jornadas de salud digital y comunicación sanitaria.

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