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El terrible impacto de la guerra en el medioambiente

La guerra en Oriente Próximo está causando decenas de miles de muertos y heridos, así como la destrucción de viviendas e infraestructuras. Y, en una segunda y terrible derivada, está provocando tremendos daños medioambientales. La estrategia no es nueva. Desde la antigüedad, los ejércitos invasores quemaban cosechas, contaminaban pozos y salaban campos, destruyendo a su paso la posibilidad de que los supervivientes pudieran prosperar.

Fernando Valladares es experto en este ámbito. Es profesor de investigación del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Además, es profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. 

Como recuerda, en la Guerra del Golfo, los ejércitos iraquíes, en su retirada, quemaron los pozos de petróleo de Kuwait, “causando un daño tremendo, con contaminación en las arenas que sigue presente tres décadas después”. En su opinión, ahora en las guerras hay “varias escalas tanto en el tiempo como en el espacio: por supuesto que está lo local, que es lo que más aparece en los medios y que es lo más impactante: los impactos de los misiles y bombas y los daños más directos, con pérdida de vidas humanas. Pero cada vez hay más evidencias que son muchas más las muertes y las enfermedades indirectas causadas en el medio plazo.

“En los primeros catorce días de la guerra de Irán se han emitido cinco millones de toneladas de CO2, que son unas emisiones equivalentes a las de 84 países en todo un año”

Impacto de la guerra en Irán

Como ejemplo cita la actual guerra en Irán, con más mil iraníes muertos, así como el resto de víctimas. “Pero serán cientos de miles los que morirán a largo plazo por falta de agua potable y por contaminación del suelo y de la atmósfera, con muchas personas vulnerables con el sistema respiratorio frágil. O con otras enfermedades crónicas que acortan la vida. Y, por otro lado, la huella en los ecosistemas: en los primeros catorce días de la guerra de Irán se han emitido cinco millones de toneladas de CO2, que son unas emisiones equivalentes a las de 84 países en todo un año”, lamenta.

“Además de este impacto local, que es el que más llama la atención, el resto del mundo está impactado a través del cambio climático. Por ejemplo, en Somalia y Sudán han sufrido una crisis alimentaria tremenda y dependen de los fertilizantes para plantar nuevas cosechas. Y ahora no pueden pagarlos porque no hay urea y amoniaco para fabricarlos, que se hace básicamente con gas licuado de Catar, que es el tercer fabricante mundial”.

Otro dato estremecedor que cita es que, en la actualidad, Naciones Unidas calcula que la alimentación de 45 millones de personas está afectada por los daños al medio ambiente de la guerra de Irán “hasta el punto de malnutrición, hambruna y riesgo de muerte por inanición”. 

Legado tóxico a las próximas generaciones

Como resume, “en las guerras de hoy, nadie queda lejos del frente de batalla. Y le estamos dejando un legado tóxico a las próximas generaciones: un conflicto de unas semanas deja durante milenios contaminación en el agua, en el suelo y en el aire. Por ejemplo, se han liberado en el aire toneladas de PFAS, unos contaminantes químicos que se conocen como “contaminantes eternos”, que se liberan al lanzar misiles y que permanecen en el medio ambiente durante siglos”.

“Se han liberado en el aire toneladas de PFAS, unos contaminantes químicos que se conocen como “contaminantes eternos”, que se liberan al lanzar misiles y que permanecen en el medio ambiente durante siglos”

Derechos humanos y legislación internacional

Otra dificultad que indica en este campo es que unas noticias tapan a otras. “Por desgracia, dentro de unos días habrá otra novedad que nos eclipsará la guerra de Irán. Pero deberíamos ser capaces de transmitir el mensaje de que estas guerras son asimétricas: en pocos días se crea un legado de siglos. Es una sinrazón que atenta no solo contra los derechos humanos y la legislación internacional del agua, porque se está atacando a la población civil, a la que se deja un legado tóxico a muy largo plazo”, recalca.

El agua

Una terrible nueva estrategia en esta guerra se ha basado en el bombardeo de desaladoras. Un tema especialmente grave, ya que es una zona afectada de tal modo por la sequía que desde hace tiempo se estaba planteando trasladar Teherán de la zona árida en la que está a la zona costera de Makran.

Como explica el experto, “era una cuenca muy grande que se ha ido haciendo impermeable con la construcción de edificios e infraestructuras para la ciudad y, desde hace décadas, la lluvia no permea, por lo que no hay agua para abastecer a los ciudadanos de Teherán. El bombardeo de desaladoras deja a unos cien millones de personas con un acceso muy precario al agua potable, aunque probablemente serán más. Y las que se han salvado de las bombas están funcionando mal por los apagones eléctricos y, además, tienen que desalinizar un agua marina contaminada por las mareas negras del Golfo Pérsico. Aquí no es que llueva sobre mojado, es que es sequía sobre sequía”.

Fernando Valladares Ros

Doctor en Biología por la UCM

Fernando Valladares Ros es doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor de investigación del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Además, es profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Sus trabajos científicos son altamente citados y más de 300 de ellos tratan sobre adaptaciones de plantas y ecosistemas al cambio climático. Es experto en ecologismo y cambio climático, y publica regularmente artículos en diversos medios de comunicación, participando además en diversos foros y conferencias en numerosas universidades y centros de investigación de todo el mundo. Pertenece al 1% de científicos con mayor impacto internacional, según Thomson Reuters.

Autor

  • Javier Granda Revilla es periodista freelance especializado en salud con 28 años de experiencia. Colabora con Demócrata, La Razón, El Confidencial, El Médico Interactivo/Netscape, Gran Vía Radio y LVR, entre otros medios. Es vicepresidente de la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS), institución que agrupa a más de 600 comunicadores de salud, que le concedieron el Primer Premio a la Mejor Labor de Comunicación. Fue desde 2009 y hasta 2021, profesor de Comunicación Científica en el Máster ESAME de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona. Ha impartido ponencias en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Navarra, en la Universidad de Córdoba, en la Universidad de Valladolid y en la Universidad de La Laguna.

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