TRABAJO

Los españoles dormimos una hora menos que el resto de los europeos

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La mitad de los europeos se sienten cansados en su jornada laboral y la situación en España empeora debido a la falta de sueño. Los españoles descansamos una hora menos que el resto de europeos. Este factor agregado al uso de las TIC, ¿nos lleva al estrés crónico?

La luz azul de las pantallas inhibe la segregación de la hormona del sueño lo que sostenido en el tiempo eleva los niveles de estrés. “El entorno nos exige funcionar al máximo mientras que nuestros estados cerebral y emocional están totalmente desgastados”, explica el formador y coach Leandro Fernández Macho.

El uso excesivo de las TIC y, sobre todo, justo antes de dormir conlleva acciones demoledoras para nuestros cuerpos. Levantarse con la sensación de no haber descansado provoca cambios de humor y afrontar la vida negativamente. ¿Podemos hablar ya de tecnoestrés en nuestra sociedad?

“Vivimos en una sociedad multitarea que nos obliga a afrontar el día como una gymkana de pruebas. Y, por si fuera poco, hoy las jornadas son eternas”, afirma Cecilia Múzquiz, directora de la revista Cosmopolitan. Este modelo de vida dispara el estrés al igual que el dolor físico debido al miedo a la exclusión social.

“Hay que instar a las empresas y a los poderes públicos a un nuevo modelo de sociedad que abogue por la conciliación de segunda generación”, comenta José Luis Casero, presidente de ARHOE. ¡Las cifras son esperanzadoras! Empresas que han apostado por la racionalización de horarios han aumentado su productividad hasta un 19%.

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Me voy ya ¿os quedáis?

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La escena sonará familiar a la mayoría de lectores. Llega la tarde y, en el trabajo, hay miradas de reojo, buscando señales de que la gente se va a ir. Es como un juego en el que el primero que suelte el bolígrafo, pierde. Cuando varios han iniciado la maniobra de recoger y marcharse, el veto queda levantado y todo el mundo comienza a recoger. ¿No os suena? Aunque siempre hay un audaz que se va siempre a su hora y suelta a los demás esa odiosa pregunta: “me voy ya ¿os quedáis?”.

Es una tendencia muy arraigada en nuestra sociedad la de “calentar la silla” y de dedicar muchas horas al trabajo. Un hábito laboral que no aumenta la productividad, muy al contrario, incide negativamente en la calidad de vida y la motivación. Hoy la tecnología permite implementar flexibilidad y fomentar medidas de conciliación en muchos sectores. Ejemplo de ellas son el teletrabajo o la entrada y salida personalizada. Las empresas que se apuntan tienen beneficios claros en productividad, salud laboral y compromiso de la plantilla con la compañía.

España sigue liderando estadísticas europeas de horas trabajadas, pero eso indica un modo anticuado de producir. ¿Te comprometerías a trabajar menos horas, incluso un día menos, pero eliminando (de verdad) los “cafelitos”, los paseos, los corrillos en la fotocopiadora y los WhatsApp a los amigos? ¿Lo firmas?

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El cansancio se ve

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El cansancio físico y mental que arrastramos en la vida contemporánea tiene también consecuencias en nuestra imagen personal y, como si fuesen fichas de dominó, impacta también en nuestras relaciones sociales y laborales. Los demás perciben nuestro cansancio y les aporta información negativa sobre nosotros.

La vida es cuestión de prioridades. Cuando el cansancio nos invade nos da pereza situar en los primeros lugares de esa lista actividades rutinarias como ir a la peluquería, limpiar los zapatos, incluso afeitarnos o planchar las camisas. En situaciones como el desempleo resistir a esta espiral de descuido es una de las claves para volver a insertarse en la vida laboral.

Mantener la responsabilidad de nuestra imagen personal nos aportará una carga de energía positiva y nos ayudará a salir de situaciones de estrés o cansancio. Recuerda tres consejos:

Cuida lo pequeño. La imagen se percibe desde los detalles: pelo, uñas, zapatos, etc. Casi todo el mundo se fijará en pequeñas cosas y, a través de ellas, inferirán cosas de ti. Pon atención en esas piezas del puzzle de tu imagen.

Sonríe. La sonrisa es la mejor tarjeta de presentación, como una luz bajo la que te ven los demás.

Acéptate. Todos somos altos, bajos, delgados, gordos… es bueno que intentes mejorar pero, en el camino, acepta que eres imperfecto y muéstrate cómodo con ello. De este modo potenciarás todo lo bueno que hay en ti.

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El cansancio es contagioso ¡protégete!

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Todos hemos sentido en muchas ocasiones un “algo” indefinible que nos hacía cuesta arriba el acudir a una cita con alguien, sabedores de que nos iba a “dar la chapa” con sus problemas y preocupaciones, siempre distintos pero siempre los mismos. Todos somos culpables de haber preguntado, antes de confirmar la asistencia a una reunión de amigos ¿pero…está fulanito? Hay personas que nos agotan. Hacen que cuando lleguemos a casa nos derrumbemos sobre el sofá, como si viniésemos de correr el Maratón de Nueva York y solo hemos estado tomando unas cañas.

Sucede porque nos contagian el cansancio vital que ellos arrastran. Son capaces de moldear nuestro estado de ánimo y contagiarnos su actitud ante el mundo. No lo hacen de forma consciente, pero resultan dañinos para nuestra energía interior.

Las emociones se contagian. Este es el tema de que estudió con gran éxito Daniel Goleman, psicólogo de la Universidad de Harvard y que publicó en el libro “Inteligencia Social”. Nuestro cerebro, explica, está programado para conectar con los demás por una cuestión de supervivencia de la especie, pero ahora, en el siglo XXI, necesitamos mecanismos para huir de aquellas personas que nos influyen transmitiéndonos su angustia, tristeza, pesimismo o cansancio.

¿Qué podemos hacer? Van tres consejos:

1. Evitarlas. Seguro que no te pillan por sorpresa porque las tienes identificadas. En lo posible evita coincidir con ellas.

2. Ignorarlas. Vale, no has podido evitarlas, pues rodéate de otras personas, ocupa tu atención, no abras una brecha por la que pueda entrar.

3.Defenderte. Si llega a ti a pesar de todo, combate. Sé positivo y no caigas en atacar con las mismas armas. Si te pones borde, contestas con ira o te invade la desgana…¡ya estarás contagiado!

Son solo tres consejos generales, pero seguro que tú tienes consejos particulares ¿Qué haces para evitar contagiarte? ¡Cuéntanos tus trucos!

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La energía que te mueve para ir a trabajar

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Opción A. Suena el despertador. Lo apagas con una mezcla de fastidio y desidia. Te duchas con desgana agobiándote por las obligaciones del trabajo. No te apetece ir a trabajar y, mucho menos, ver a tus compañeros. Ellos son unos aburridos y tus jefes no te entienden. Hay que ir a trabajar, está claro, porque hay que pagar las facturas. Ojalá te tocase una Primitiva para mandarlos a todos a tomar viento.

Opción B. Suena el despertador. Lo apagas con una mezcla de ilusión y optimismo. Te duchas con ímpetu motivado por las obligaciones del trabajo. Te apetece ir a trabajar y, sobre todo, ver a tus compañeros. Ellos son buena gente y tus jefes te entienden a la perfección. Hay que ir a trabajar porque hay que hacer cosas en la vida, construir algo valioso y de lo que te sientas orgulloso. Ojalá te tocase una Primitiva para poder viajar a tu gusto y hacerte una casa… aunque seguirías yendo a trabajar, porque te encanta.

Los dos párrafos anteriores parodian dos extremos en el inicio del día de un trabajador. La mayoría de nosotros no nos encontramos ni en uno ni en otro, sino en un término medio. Esa es una de las conclusiones del informe People Unboxed de ADP en colaboración con Circle Research centrado en la felicidad y satisfacción en el trabajo.

En el informe se indica que hasta un 51% de los trabajadores encuestados va a trabajar movido por la necesidad vital de pagar aquello que necesita y desea. Un 48%, sin embargo, expresa motivos de carácter personal relacionados con la búsqueda de la realización personal o la felicidad. Este equilibrio de motivaciones constituye un gran desafío para los departamentos de RRHH, porque les presenta dos realidades que deben ser atendidas, cuidadas y satisfechas a la vez.

Los aspectos tangibles e intangibles del trabajo son dos caras de la misma moneda. Seguramente hay pocas personas totalmente A o totalmente B y casi todos somos una mezcla de ambas. El aspecto económico y el de desarrollo personal conviven en nosotros y forman parte de la energía que nos mueve cada mañana.

¿Y tú? ¿Estás más cerca de la A o de la B?

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El doloroso cansancio del paro

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El nuevo año nació con datos positivos respecto a las cifras del paro, ya que el número de desempleados inscritos en el SEPE descendió en 2018. A pesar de la buena noticia, había todavía 3.202.297 personas que buscaban empleo en España. Conviene dar un dato sin números redondos, porque en el caso del desempleo, detrás de cada número hay una persona, una vida, un futuro y, normalmente, un dolor escondido y duradero.

Los psicólogos señalan que una permanencia larga en el paro puede afectar a nuestra salud mental, pudiendo mostrar signos de comienzos de depresión que hay que atender y evaluar. La ansiedad se apodera del tiempo del parado y este, en ocasiones, hasta se siente culpable si ve la televisión o hace alguna tarea que no sea buscar empleo todo su tiempo.

Pero las consecuencias pasan a menudo a lo físico. El paro de larga duración se enrosca también en el cuerpo. Con la ansiedad llegan los trastornos del sueño y esto, extendido durante meses (o años), lleva a un estado físico de cansancio indefinido pero abrumador que, a su vez, dificulta encontrar empleo, entrando en una espiral que empeora nuestra salud general.

Establecer buenos hábitos de alimentación, respetar una rutina que incluya también el ocio entre sus “deberes”, intentar pensar de manera positiva o hacer algo de ejercicio cada día, aunque sea de modo breve y suave, son pautas que nos ayudarán a combatir el cansancio vital si estamos en desempleo.

En cierto modo, al igual que usamos internet, contactos, visitas, CV o entrevistas, podemos considerar a nuestro cuerpo como una herramienta más que utilizamos en nuestra búsqueda laboral. Cuidarlo, mimarlo y atenderlo es una forma de avanzar en el camino de encontrar empleo.

Y tú, ¿prestas la atención que merece a tu cuerpo y salud? ¿Qué rutinas forman parte de tu día a día?

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