SEXO

¡Peligro! Nudes

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Se ve en internet y en la televisión, se escucha en la radio, se lee en los periódicos. Chicas y chicos que sufren chantajes y extorsiones sexuales por parte de sus parejas, amigos o incluso desconocidos. No se debe perder de vista que enviar imágenes y contenido sexual a otras personas es además de tendencia, peligroso.

La nueva era digital trae consigo muchos cambios sociales, uno de ellos la importancia que gradualmente adquiere la imagen personal, por ejemplo en las plataformas de citas o contactos en las que una imagen es todo lo que se necesita para ligar. La irrupción de internet es denominada por algunos como el comienzo de “La era de la imagen”, cuando medios de comunicación y redes sociales fomentan el estrés y llevan a pensar que la autoestima se basa únicamente en lo físico como la belleza o el estilo.

Con este tipo de hábitos que cada vez se dan más entre los jóvenes, parece que se olvida lo excitante que es verse desnudos por primera vez, el nerviosismo, la aceleración del pulso por quitarse la ropa y descubrir lo que hay debajo. Da la sensación de que hay prisa por acabar todo antes de empezar, como si no hubiera tiempo para conocerse y disfrutar del camino. ¿Hay tanta prisa como parece?

Si no hubiera tanta prisa por enviar y recibir contenido, se valorarían más las consecuencias de los actos, porque el peligro de estas acciones es que cuando se pulsa “enviar” se pierde el control y puede terminar siendo un contenido viral que acapare los informativos de televisión. Y si en vez de seguir la corriente, ¿descansamos de uno mismo y de los demás? para poder llevar una vida menos estresante.

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Pereza de infidelidad

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La infidelidad forma parte del equipaje de la vida en pareja. Se trata de un tabú execrable desde el principio de los tiempos y que seguimos practicado de manera universal. Pero ¿somos más infieles que nunca? Es complicado definirlo, en torno a la infidelidad hay un floreciente negocio digital que anima periódicamente el debate social con encuestas un tanto tendenciosas.

De esta manera sabemos que los motivos de la infidelidad van desde el cansancio de la vida en pareja, a la curiosidad por otras experiencias o la misma venganza. Sin dejar un buen porcentaje a la mejor razón de todas: “no lo sé”.

También sabemos que el tradicional rol de hombre infiel corre peligro puesto que en las últimas décadas el número de mujeres infieles ha crecido exponencialmente.

Y tampoco debemos olvidar, aquellos otros estudios que certifican el final de la infidelidad romántica por otra más impulsiva y mecánica.

El último estudio que analiza la evolución de la infidelidad en términos generacionales se remonta a 2008 y fue realizado en EEUU. En aquel trabajo se establecía que las parejas analizadas -entre 30-50 años- mostraban menos infidelidades que las de sus padres.

¿La razón del descenso? La múltiple, fácil y excitante oferta de porno aportada por la red que respondía de manera sencilla al impulso mecánico de “querer probar algo distinto”. Así que a falta de nuevos datos que lo desmientan, concluimos que la infidelidad tradicional empieza a dar muestras de cansancio.

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La evolución del sexo

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El ser humano tiene una característica social intrínseca que le ayuda a sobrellevar la soledad y a sentir la pertenencia a un grupo. Como es natural, tiende a adaptarse al entorno en el que se encuentra, pero ¿qué pasa cuando el entorno ofrece tantas posibilidades como puedas imaginar?

Si las abuelas vieran hoy en día alguno de los documentales que vemos sobre sexo estarían escandalizadas. Antes no se demostraba efusivamente el amor en público, no se enviaban fotos de desnudos (tampoco había smartphones), no se compraban casi juguetes eróticos (y si lo hacían no presumían de ello) y mucho menos se participaba en juegos de rol o quedadas grupales. ¡Hoy en día hasta Romeo y Julieta están en Tinder!

Ahora existe la opción de estar con alguien que acompañe y que satisfaga nuestras necesidades sin tener que esforzarnos lo más mínimo; si se quiere –y uno se lo puede permitir económicamente hablando– tenemos al alcance de la mano la posibilidad de comprar un muñeco o una muñeca personalizada en base a nuestros gustos personales; alguien que nos espera en casa cuando volvemos, que escucha y da conversación además de satisfacernos en la cama. Si buscas una pareja ideal, sólo tienes que pedirla por Internet.  

Parece que existe un cansancio generalizado por tener que esforzarnos en conseguir satisfacer las necesidades de una relación clásica de pareja. No queremos perder el poco tiempo de ocio del que disponemos en tener que “luchar” para mantener la chispa del noviazgo o matrimonio. ¿Cuál será el futuro? ¿Sexualmente hablando, ¿nos decantaremos también por las opciones más fáciles? ¿Buscamos simplemente sexo sin tener que dar nada a cambio?

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Placer SexTech

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Lo SexTech está de moda y crece de forma exponencial. La revolución tecnológica aplicada al sexo está ahí mismo, en el bolso de tu compañera, en la mochila de tu amigo. Quizás no la ves, pero está: las cifras de ventas de las compañías de productos sexuales no engañan.

Hubo un tiempo en el que los juguetes sexuales llegaban por correo postal en unos aparatosos paquetes, se entregaban asegurando discreción y anonimato y su diseño era una mezcla entre producto de “Mortadelo y Filemón” y laboratorio de la Stasi. Hoy en día, sus colores son llamativos, su estética vanguardista y su tecnología es hermana (a veces mayor) de la que llevamos en nuestros teléfonos móviles.

Ya no se trata de vibradores más o menos bonitos y efectivos. Hablamos de estimuladores que actúan movidos por nuestra voz o con la voz que elijamos, otros utilizan algoritmos que hacen que el vibrador “aprenda” nuestros ritmos y gustos tras varios usos y se adelante a nuestros deseos, o incluso usan “olas sonoras” para la estimulación. También los productos masculinos, hasta hace poco residuales en ventas, están en gran auge y diversificación.

Y tú ¿ disfrutas ya del placer SexTech?

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Romeo y Julieta están en Tinder

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La revolución tecnológica ha afectado a todos los rincones de nuestra vida. Trabajamos distinto, comemos distinto, compramos distinto y…ligamos de forma diferente, no solo a nuestros padres y abuelos, sino a cualquier otra generación humana.

Al principio fueron los chats ¿recuerdas? La emoción de charlar en el anonimato, libre y sin complejos. Después llegó el Messenger y el desembarco de las Web Cam ¡cuantas posibilidades! Hoy dominan las plataformas de contactos y las aplicaciones móviles que nos permiten escoger a quien abrimos las puertas de nuestra vida con un click.

Las APP de contactos han traído inmediatez, cantidad, variedad y cero compromiso. Pero ¿qué hemos perdido en el camino? Quizás la lentitud del pasado, el cortejo gradual, nos aportase una satisfacción que no podemos encontrar en internet.

Ha cambiado la forma, pero quizás no el fondo. Seguimos necesitando gustar, encontrar un modo de llamar la atención, presentar la mejor versión de nosotros mismos y, realmente, seguimos jugando el eterno juego de la seducción, aunque las cartas sean diferentes.

Hoy Romeo no tendría que buscar secretamente a Julieta bajo su balcón en el palacio Capuleto. Hoy “swipearía” en Tinder hasta encontrarla, le daría un “superlike” y esperaría, con el corazón acelerado, la llegada de un “match”.

Y tú ¿subes a los balcones digitales o eres de los que echan de menos los analógicos?

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Sexo de mantenimiento

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Una gran parte de los lectores seguro que firmarían un trabajo con estas condiciones: seguridad (nunca te va a faltar), familiaridad (conoces toda la rutina de tareas a desarrollar) y cero innovación (lo que hay, es lo que habrá). Pero traslademos esta pregunta al sexo. ¿Firmarías también unas relaciones sexuales con seguridad, familiaridad y cero innovación?

Es lo que en diversos artículos se denomina “sexo de mantenimiento” y, como todo lo humano (incluso lo divino), cuenta con opiniones enfrentadas, teniendo expertos a favor y en contra de este concepto de relaciones. La expresión describe el sexo en una pareja que lleva muchos años unida y que ha caído en una total rutina. Las relaciones se tienen como algo necesario, imprescindible, pero sin una mínima pasión o intimidad sexual. A veces es uno de los dos el que quiere y el otro se deja llevar; o puede ser que ninguno tenga especiales ganas, pero piensan que el otro sí, y por eso acaban en el “taller” (para el mantenimiento).

Los que se posicionan a favor son desde personas muy conservadoras en lo sexual o con una visión de carácter religioso a psicólogos que consideran que, aunque no sea lo perfecto o deseable, el sexo libera hormonas que mejoran nuestra salud y nuestra vida y “mejor algo que nada”. Siempre puede ser un camino para encontrar de nuevo la pasión. Las corrientes principales de opinión, sin embargo, se posicionan claramente en contra. Más allá de lo físico, es importante sentir el deseo de la otra persona para que las relaciones sean satisfactorias.

Robert Epstein, doctor en psicología por la Universidad de Harvard, ha dedicado décadas al estudio del comportamiento sexual y ha determinado que menos de un encuentro al mes o de 10 al año puede catalogarse como “pareja sin sexo”. Según sus estudios en esta categoría entran cerca del 20 % de los matrimonios maduros. Un sexo de mantenimiento que…¿qué es lo que mantiene? Un tema para debatir y explorar y que, sin duda, forma parte de la realidad de millones de personas.

¿Y tú? ¿Estás a favor o en contra del “sexo de mantenimiento”?

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