SEXO

El estrés y la tecnología debilitan la fertilidad

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“La ciencia y la tecnología revolucionan nuestras vidas pero la memoria, la tradición y el mito cercan nuestra respuesta”, postuló el historiador estadounidense Arthur Schlesinger.

La respuesta que el ser humano del siglo XXI ofrece versa sobre y con atractivas pantallas. Si miramos a nuestro alrededor o reflexionamos sobre nuestro día a día se entraña casi misión imposible vislumbrar unas horas alejados de nuestros móviles. Vivimos atragantados por los Smartphone.

Comemos delante de las pantallas, nos abandonamos ante la compañía de Netflix, el sexo evoluciona ante parejas hiperconectadas…El sexo, el ocio, el trabajo y la alimentación están invadidos por la tecnología.

Este estilo de vida sedentario deriva en cansancio visiblemente cronificado y un goteo en aumento de la población que sufre obesidad, pero ¿estos factores externos también influyen en la fertilidad?

Los estudios demuestran que los nutrientes preexistentes en la dieta mediterránea influyen de forma positiva en la calidad de los gametos, es decir, de los óvulos y los espermatozoides. La tendencia actual en la sociedad española está sustituyendo este tipo de dieta por comida a domicilio, lo que deriva en consecuencias nefastas para la calidad de los gametos.

Los analgésicos, la contaminación y el sedentarismo también debilitan la fertilidad. Mención especial merece el estrés, puesto que este en niveles altos influye directamente en nuestro sistema hormonal, lo que puede alterar el ciclo menstrual en las mujeres y derivar en episodios de impotencia en el caso de los hombres.

El Centro de Medicina Reproductiva de Cleveland ha ido un paso más allá en sus investigaciones. Este estudio relaciona la exposición a las ondas electromagnéticas de los móviles, que elevan la temperatura corporal, con la disminución de la movilidad y la calidad de los espermatozoides.

Y es que “los hombres expuestos al teléfono más de 4 horas diarias tienen de media un 50% menos de espermatozoides”. En diez años se ha constatado clínicamente un deterioro de la calidad del semen y ha aumentado en un 9% el riesgo de que los varones precisen tratamientos de fertilidad para concebir a sus hijos, según el Instituto Valenciano de Infertilidad.

Llevar una vida saludable es la principal prevención para evitar que estos factores invadan nuestra fertilidad. ¿Tomaremos consciencia de los efectos adversos que tiene para nuestra fertilidad el estrés y el uso excesivo de las TIC? Y es que estamos condicionando el futuro sin darnos cuenta.

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La erótica de los emojis

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“En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación”, escribía el autor mexicano Octavio Paz. El imaginario juega un papel trascendental en la erótica sexual y, desde el año 2011, los emojis vienen a ser los nuevos preliminares.

La inmediatez y el cansancio provocan que nos dé más pereza escribir por lo que nos lanzamos a los brazos de los emoticonos. En la actualidad, el lenguaje universal tiene forma de carita o de corazón por eso ya se ha establecido el 17 de julio como el Día Mundial del Emoji.

Si observamos las cifras en las redes sociales apreciamos, por ejemplo, que se comparten al día más de 700 millones de emojis en Facebook. Y es que el arte de los emojis invade nuestro día a día, es decir, perfilan nuestra forma de comunicarnos; con quién hablamos pero también cómo hablamos. 

El flirteo ha dado un giro de 360º en nuestro siglo porque vivimos atragantados por los Smartphone. Los usuarios de aplicaciones como Tinder aumentan y, por ende, también lo hacen los emoticonos. Este año, sin ir más lejos, dicha app ha incluido 59 nuevos iconos para integrar a las parejas interraciales y a las personas discapacitadas. Asimismo, esta aplicación aporta en un informe de 2018 como datos curiosos que: los lunes son el día favorito de los usuarios para estar conectados y la hora punta son las 10 de la noche. Asimismo, los emoticonos más populares entre los españoles para ligar, contra todo pronóstico, no son los que evocan a partes del cuerpo, posturas o actos sexuales sino que son:

🍻 Cervezas brindando
😉 Cara con guiño
😊Sonrisa
📍 Pin de localización
🚭 No fumar
🌍 Bola del mundo
🍷 Copa de vino
😂 Llorar de risa
🎶Notas musicales
Balón de fútbol

El doble sentido juega a favor a la hora de encender la llama. “El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre. Está relacionado con la más alta forma de espíritu”, relataba el psicoanalista suizo Carl G. Jung.

Pero, al igual que hay varios tipos de parejas hiperconectadas, también hay variedad en la expresividad sexual. Para los que prefieren ser más directos, la web de Flirtmoji permite descargar emojis más realistas y, para los que les da más vergüenza, pueden seguir la guía de Tinder.

La cuestión es, ¿realmente nos pone cachondos ver en nuestras pantallas un melocotón o una berenjena mientras mantenemos una conversación hot? ¿Los emojis ayudan a reforzar el discurso sexual o borran de un plumazo todo tipo de erotismo?

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“Parejas hiperconectadas”

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Parece que no se puede vivir si no es pegado a una pantalla. La usamos constantemente para informarnos de todo lo que pasa en el mundo,  nos distrae del momento presente y produce ansiedad, estrés y cansancio. Es difícil mantener una relación estable, que requiere esfuerzo y dedicación por ambas partes, cuando estamos tan sobresaturados de información que aún intentando filtrarla sobresale del cuenco.

Al igual que pasaba con la trampa del ocio negocio, el Smartphone nos ayuda a estar informados las 24 horas del día pero, lo que muchas veces no se piensa es que, también estamos comunicando información sobre nosotros mismos. Esto afecta de forma directa a las relaciones de pareja, que se ven obligados a adaptarse a esta nueva forma de entender el día a día, lo que nos lleva a catalogar a las parejas en estos tres tipos:

Social addicts: incluimos aquí a los que se mueven en el mundo digital y gestionan sus perfiles personales participando activamente de las posibilidades que las redes sociales ofrecen. Es el caso de muchos nativos digitales a los cuales se les reconoce principalmente por dos motivos:

  • Dejan claro en sus biografías o en su perfil que tienen una relación de pareja, ya sea con una frase, una fecha acompañada de algún emoji o una imagen de perfil compartida.
  • Muestran su relación a través de conversaciones constantes en sus publicaciones, participando en sorteos para dos personas y dando like a todo lo que suba su pareja.

Cuando se rompe este tipo de relación, es habitual que se elimine todo rastro de fotos, videos, comentarios y demás aspectos en común de ambos perfiles. Esta acción ya se ha etiquetado con el nombre de “ghosting”, que no es otra cosa que acabar la relación sin tener una conversación al respecto. Simplemente como si se hubiese evaporado.

Surviving: son esas parejas que interactúan entre ellas en redes sociales  pero no lo hacen de forma tan constante ni tan directa. Podemos saber que son pareja entrando en sus perfiles, pero son más discretos y prefieren la comunicación privada en vez de pública. Esta es la opción mayoritaria en las relaciones de la generación X y de algunos Millenials que intentan sobrevivir en el mundo digital.

Not so weirdos: relaciones en las que aún teniendo redes sociales no hay interacción, mención o  publicaciones sobre la pareja. Se mantienen el uno al otro como “uno más de la comunidad”. Son esas parejas que aunque sabemos que lo son porque les conocemos, no lo sabríamos si solo pudiéramos ver sus perfiles sociales. Es habitual en parejas consolidadas que no buscan la aprobación de la comunidad, por lo que utilizan las redes como información sobre su círculo social y no suelen participar en sorteos o concursos.

Cuando se acaba la relación nadie se da cuenta porque no cambia nada o casi nada en sus perfiles. 

Y tú, ¿en qué grupo te identificas? ¿Crees que la tendencia se dirige hacia los social addicts?

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Las tendencias sexuales

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El mundo del sexo está cambiando tanto como la sociedad actual, a un ritmo vertiginoso en el que aparecen nuevos términos, nuevas etiquetas y nuevas formas de entender las relaciones íntimas.

En los últimos años se han desarrollado nuevos términos para encasillar a las personas, ya no solo podemos hablar de heterosexual, homosexual o bisexual. Ahora hay una infinidad de palabras  con las que nos podemos identificar, uno de los ejemplos en auge es “hiposexual”.

Pero, ¿qué es ser hiposexual? Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría es un trastorno del deseo sexual hipoactivo, es decir, cuando no se tienen deseos por mantener relaciones sexuales.

No es lo mismo el deseo sexual que no sentir atracción sexual hacia ningún género o sexo, hablaríamos así de una orientación “asexual” dentro de la cual se identifica un 1% de la población, es decir, 70 millones de personas en el mundo según los últimos estudios realizados por el sexólogo Anthony F. Bogaert.

Aún con las nuevas posibilidades que trae consigo la tecnología en temas íntimos como el sextech, se puede afirmar que los millenials tienen menos relaciones sexuales que sus progenitores. Algunos profesionales de la psicología achacan este suceso a las altas expectativas idealizadas y poco realistas por la cultura que nos rodea, como las aplicaciones para ligar como tinder o los cuerpos perfectos e imágenes idílicas que nos persiguen día a día.

Hipersexual, apasexual, sapiosexual, akoisexual, demisexual , cratosexual, absexual, cupiosexual… ¿Cuántos de estos términos conoces?, ¿De verdad necesitamos tantas etiquetas?

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¡Peligro! Nudes

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Se ve en internet y en la televisión, se escucha en la radio, se lee en los periódicos. Chicas y chicos que sufren chantajes y extorsiones sexuales por parte de sus parejas, amigos o incluso desconocidos. No se debe perder de vista que enviar imágenes y contenido sexual a otras personas es además de tendencia, peligroso.

La nueva era digital trae consigo muchos cambios sociales, uno de ellos la importancia que gradualmente adquiere la imagen personal, por ejemplo en las plataformas de citas o contactos en las que una imagen es todo lo que se necesita para ligar. La irrupción de internet es denominada por algunos como el comienzo de “La era de la imagen”, cuando medios de comunicación y redes sociales fomentan el estrés y llevan a pensar que la autoestima se basa únicamente en lo físico como la belleza o el estilo.

Con este tipo de hábitos que cada vez se dan más entre los jóvenes, parece que se olvida lo excitante que es verse desnudos por primera vez, el nerviosismo, la aceleración del pulso por quitarse la ropa y descubrir lo que hay debajo. Da la sensación de que hay prisa por acabar todo antes de empezar, como si no hubiera tiempo para conocerse y disfrutar del camino. ¿Hay tanta prisa como parece?

Si no hubiera tanta prisa por enviar y recibir contenido, se valorarían más las consecuencias de los actos, porque el peligro de estas acciones es que cuando se pulsa “enviar” se pierde el control y puede terminar siendo un contenido viral que acapare los informativos de televisión. Y si en vez de seguir la corriente, ¿descansamos de uno mismo y de los demás? para poder llevar una vida menos estresante.

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Pereza de infidelidad

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La infidelidad forma parte del equipaje de la vida en pareja. Se trata de un tabú execrable desde el principio de los tiempos y que seguimos practicado de manera universal. Pero ¿somos más infieles que nunca? Es complicado definirlo, en torno a la infidelidad hay un floreciente negocio digital que anima periódicamente el debate social con encuestas un tanto tendenciosas.

De esta manera sabemos que los motivos de la infidelidad van desde el cansancio de la vida en pareja, a la curiosidad por otras experiencias o la misma venganza. Sin dejar un buen porcentaje a la mejor razón de todas: “no lo sé”.

También sabemos que el tradicional rol de hombre infiel corre peligro puesto que en las últimas décadas el número de mujeres infieles ha crecido exponencialmente.

Y tampoco debemos olvidar, aquellos otros estudios que certifican el final de la infidelidad romántica por otra más impulsiva y mecánica.

El último estudio que analiza la evolución de la infidelidad en términos generacionales se remonta a 2008 y fue realizado en EEUU. En aquel trabajo se establecía que las parejas analizadas -entre 30-50 años- mostraban menos infidelidades que las de sus padres.

¿La razón del descenso? La múltiple, fácil y excitante oferta de porno aportada por la red que respondía de manera sencilla al impulso mecánico de “querer probar algo distinto”. Así que a falta de nuevos datos que lo desmientan, concluimos que la infidelidad tradicional empieza a dar muestras de cansancio.

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