OCIO

Netflix: el suave abandono

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La plataforma de contenidos audiovisuales más popular del mundo cuenta ya con más de 125 millones de usuarios. Si nos remontamos al año 2011 y cotejamos datos, comprobamos que por aquel entonces Netflix contaba con 23 millones de clientes. El crecimiento global es muy significativo, pero hay un dato que lo hace todavía más relevante: Netflix es la plataforma preferida por lo millenials para ver cine o televisión. Y eso ya no es hablar de presente sino de una tendencia muy sólida de futuro.

De hecho, en la actualidad, el 85% de los jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años se decanta por Netflix como referente de ocio. El ascendente de la plataforma sobre este colectivo es tan determinante que provoca notables cambios en la vida social de los jóvenes.

Según una encuesta realizada por Morning Consult entre millenials de EEUU, el 76% afirma haberse pasado noches en vela viendo series de Netflix y el 45% confiesa haber cancelado citas por preferir seguir su trama favorita en esta plataforma.

Según los expertos, esta tendencia responde a la suma de la oferta tecnológica y la menor capacidad económica de una generación afectada directamente por la crisis económica. Más allá de las causas, los efectos de este nuevo ocio representan una amenaza objetiva para la salud física y mental de los próximos adultos.

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Descansar de uno mismo

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Al igual que en fin de año hay un mensaje clásico que se repite hasta el infinito, “feliz año nuevo lleno de alegría y prosperidad, etc. etc.” cuando llega el fin de semana hay otro que es el rey del WhatsApp. Es corto, directo, imperativo. Seguro que les suena: “descansa”.

Eso te dicen: descansa. Hay que descansar del trabajo, del colegio, de los atascos, del autobús que no llega, de las clases de zumba, del cursillo de inglés o de las mil obligaciones semanales. Pero lo que no está claro es cómo hacerlo. Algunos optan simplemente por cambiar de actividades, lo que es casi decir cambiar de cansancio. El lunes están igual de reventados pero, al menos, es por cosas diferentes.

Lo que pocos se plantean es “descansar de uno mismo”. Olvidarse de fotitos, comentarios, mensajes, llamadas. Apartar la envidia por lo que otros hacen, salir de la corriente de la actualidad, apagar todo lo irrelevante y quedarse a solas con uno mismo sin hacer nada, sin exigirte nada, sin examinarte. Descansando de ser tú mismo. Es renovador y recarga la energía.

¿Y tú? ¿Qué haces para descansar de ti mismo?

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Internet ¿nos cambia como personas?

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Vivimos inmersos en un tsunami tecnológico. Cualquier libro del mundo está a nuestro alcance en un click. Podemos recorrer virtualmente cualquier ciudad de cualquier continente. Charlamos con nuestros amigos, a través de la pantalla, estén donde estén. Comemos, compramos, nos divertimos y nos enamoramos en internet. La pregunta es ¿somos diferentes a nuestros abuelos? ¿Ha cambiado la tecnología la esencia humana de los nativos digitales?

Puede pensarse que, pese a todos los avances tecnológicos, el factor humano permanece inalterado, inmune a cualquier novedad. Los que así opinan afirman que somos los mismos en cualquier época de la historia, con las mismas emociones, los mismos anhelos, los mismos miedos. Según ellos, internet nos ofrece simplemente nuevas formas de expresarnos y convivir. La tecnología cambia pero las personas no.

Nicholas Carr, escritor y editor de la Harvard Business Review, mantiene que internet cambia a las personas: “nos hace más superficiales, menos  contemplativos o reflexivos y erosiona nuestra capacidad de pensar de forma autónoma y profunda”. El futuro, como siempre, nos traerá las respuestas. ¿Tú que piensas? ¿Seguimos siendo los mismos o hemos cambiado?

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¿Son tus hijos niños SEL?

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Es un hecho que nuestros hijos no juegan como lo hacíamos nosotros. Las horas en los patios de los barrios, los juegos en los parques, los recorridos en bicicleta de una casa a otra, todo eso parece como de una época lejana y extraña. Nuestros hijos van del Fortnite al FIFA, del WhatsApp al Instagram pasando por la televisión y de ahí directamente a la cama (en la que muchos siguen jugando y chateando). ¿Influye esto en su salud física y emocional?

Un extenso estudio publicado en “The Lancet Child & Adolescent Health “concluye que el tiempo dedicado a las pantallas tiene relación directa con la maduración intelectual de los niños. El abuso de las pantallas (incluyendo móviles, tabletas, videojuegos, televisión, etc) influye negativamente en campos como la memoria o el lenguaje.

Se recomienda seguir los consejos del “Movimiento 24 Horas” surgido en Canadá que busca un equilibrio entre el disfrute de las nuevas tecnologías y el desarrollo armónico de la personalidad de los niños entre 8 y 11 años. Se basa en tres sencillos puntos para llevar a cabo cada 24 horas:

Sueño: garantizar que los niños tengan siempre entre 9 y 11 horas de sueño o descanso reparador.

Ejercicio: disponer sus tareas para que puedan realizar al menos una hora diaria de actividad física.

Límites: no superar las dos horas al día frente a todo tipo de pantallas. El tiempo de ordenador para hacer los deberes estaría también incluido.

En KÓMODA hemos llamado a los niños que cumplen estos consejos “Niños SEL”. ¿Conoces muchos SEL? ¿Cumplen tus hijos estas recomendaciones?

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Hay un elefante en la habitación (y puede matarte)

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Como nosotros, los norteamericanos tienen un abanico de miedos para escoger al salir de casa. Miedo a un accidente de coche de camino al trabajo, miedo a una caída, miedo a un incendio, a que les ataque un perro o a que el avión o el tren se estrelle. Lo que no saben es que hay muchas más probabilidades de morir de una sobredosis de opiáceos (1 entre 96) que de cualquiera de las otras formas citadas.

Quizás no quieran saberlo; porque,­­ desde hace años, los informes ofrecen cifras escandalosas que revelan una realidad que nadie quiere admitir: la sociedad estadounidense consume medicamentos contra el dolor de forma compulsiva y adictiva. En un mundo que sitúa el placer como uno de sus dioses lares, el dolor se convierte en pecado capital y ante el mínimo síntoma uno puede huir de él a través de una receta médica.

La sobredosis de opiáceos mata cada día a más de 130 estadounidenses. Cada año mueren casi 50.000 personas.  Más de 4 millones de personas son adictas a los analgésicos de prescripción médica en todo el país, entre ellos 250.000 adolescentes, según información de la agencia EFE.

La oxicodona, con la Vicodina como una de sus formas comerciales más conocidas, produce euforia, relajación general y reducción del dolor; pero también fatiga, mareos, somnolencia o pérdida del apetito. El médico la receta para paliar el dolor de alguna lesión. La lesión se cura…pero el paciente sigue necesitando el medicamento para su vida diaria. La adicción a los opiáceos es como el elefante en la habitación, todo el mundo lo ve, pero nadie quiere hablar de él, pensando que desaparecerá por sí mismo.

Seguro que recuerdas al famoso Doctor House y su adicción a la Vicodina (en su caso para paliar el dolor real de su pierna). La Vicodina mató a Prince, pero otros famosos han confesado su adicción, como Matthew Perry (Friends) o Demi Lovato.

En octubre de 2018, el Congreso y el Senado de los Estados Unidos aprobaron una ley llamada “Ley de apoyo a los pacientes y a sus comunidades” que busca reducir la facilidad de acceso a los opiáceos y abrir otras vías para el tratamiento de algunas enfermedades.

La administración ha abierto los ojos y ha comenzado a actuar. Ya se ha aceptado que el elefante está en la habitación… y que puede matarte.

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¿Qué es un fin de semana?

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Una de las escenas más memorables de la exitosa serie Downton Abbey tiene lugar cuando Mathew Crawley, abogado de profesión, es recibido en una cena en la fastuosa mansión familiar. Estamos en marzo de 1913 en el corazón de la alta sociedad rural británica, en la mesa de Lord Grantham, uno de los grandes del reino.

En el curso de la conversación, le preguntan a Mathew cómo piensa llevar los asuntos de la familia (se ha descubierto que es el heredero lejano) si tiene un trabajo que atender. El joven explica con sencillez que eso no es problema. “Puedo ocuparme durante el fin de semana”.

– “¿Qué es un fin de semana?” pregunta extrañada la anciana condesa viuda de Grantham.

La escena retrata con un toque de humor la llegada revolucionaria de un concepto que desbarató el viejo orden: el tiempo libre. La sociedad industrial ofrece al hombre un tiempo medido en horas, no ya por la salida y la puesta de sol, y que se divide en tiempo de trabajo y tiempo personal. El trabajador (a diferencia de los criados de Lord Grantham) se convierte en señor de su tiempo.

Con frecuencia olvidamos que nuestro ocio es un concepto moderno y una conquista social. El “fin de semana” fue una puerta que permitió la entrada de la lectura, los juegos, el deporte, las reuniones, la interacción. En cierto modo, cien años después de la cena en Downton Abbey, quizás pueda decirse que el fin de semana acabó con el mundo de la duquesa viuda de Grantham.

A propósito, hoy es viernes. ¡Buen fin de semana!

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