MUJER

Pan y rosas

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El origen del 8 de marzo como Día Internacional de la mujer está relacionado con el movimiento obrero. En 1908, la muerte de 146 trabajadoras en huelga de la empresa textil Cotton de Nueva York, marca en rojo la fecha del calendario.

Aquellas mujeres que murieron calcinadas por las bombas incendiarias con las que los rompehuelgas intentaban disuadirlas de seguir con el paro que protagonizaban son un hito en la larga historia de feminismo y derechos laborales.

Las mujeres de Cotton solicitaban una rebaja de la jornada laboral de 12 horas y unos salarios un poco más dignos. Sus reivindicaciones se enmarcaban en la imposible conciliación de sostener una familia y hacer frente a sus responsabilidades como trabajadoras.

111 años después, las mujeres siguen teniendo motivos para estar cansadas. Cansadas de que proclamas históricas como aquel “Pan y Rosas” que clamaban en el lejano 1908 no hayan calado en todas las conciencias. Cansadas de tener que demostrar siempre un poco más de lo que establece la lógica de lo políticamente correcto.

8 de marzo de 2019, las mujeres están cansadas, pero no se paran.

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Hombres miopes sobre igualdad

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La tradición oral del refranero dice aquello de “el mundo es del color del cristal con que se mira”. Hace unos años, la neurociencia demostró que los sentidos nos engañan y que los prejuicios que tenemos alteran nuestra forma de ver físicamente el mundo. Los estereotipos que tenemos filtran nuestra manera de ver las personas e interactuar con ellas. Digamos que “así te veo, así te trato”. Este estudio se publicó en Nature Neuroscience.

Según una encuesta de AEDEMO 1 de cada 3 hombres “cree” que no hay desigualdad de género. ¿Cómo es posible que una realidad tan evidente no sea percibida de manera directa por el 35% de los hombres? Sin duda los prejuicios nos limitan también a la hora de percibir e interpretar la realidad en la igualdad de género. Hay algunas cosas que pueden hacerse para cambiar esa mirada y que la situación de desigualdad sea percibida.

Ser ejemplar. Que nuestra manera de hablar y comportarnos, en la vida personal y laboral hable de nuestro compromiso con la igualdad.

Ser firme. Oponerse a burlas y comentarios sexistas o que refuercen estereotipos.

Ser responsable. Saber que nuestras acciones, por pequeñas que sean, colaboraran en construir una sociedad dónde las niñas no nazcan en desventaja.

Cambiar la mirada de ese porcentaje “miope” sobre este tema es uno de los retos que debemos superar día a día.

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Mujer y deporte: una carrera de obstáculos

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Las leonas (equipo nacional de rugby) se han clasificado para la final del Campeonato de Europa. La selección femenina de fútbol sub 17 se proclamó campeona del mundo en Uruguay, Carolina Marín reina en el bádminton, Lidia Valentín es campeona de Europa de halterofilia. En cualquier disciplina las mujeres españolas están reclamando su protagonismo social, desde Laia Sanz en el Dakar a Queralt Castellet en el snowboard. Parece que el techo de cristal no funciona en el deporte. La chicas demuestran su fuerza y su poder siempre que tienen oportunidad.

Pero ellas tienen muchos más obstáculos que superar para poder practicar deporte. Sus éxitos tienen todavía más mérito cuando se comprueba que existe una brecha social. Según Eurostat España suspende en igualdad (deportiva) de género. Un 40.9% de los hombres practica al menos 150 minutos de deporte a la semana. ¿Mujeres? Un 27.4%. ¿Por qué? Las razones son complejas.

– Disponer de menos tiempo libre para ellas mismas.

Prejuicios familiares o del entorno que les dificultan el acceso al deporte.

Prejuicios culturales que las alejan de algunas disciplinas.

Muchas mujeres han experimentado estas dificultades ¿Y tú? ¿Te has encontrado estos u otros obstáculos para hacer deporte?

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La conciliación son los abuelos

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“La conciliación no existe: son los abuelos”. Con esta rotunda frase, que casi cualquier madre en España podría suscribir, comentaba la presentadora Eva González (“Masterchef”, “La Voz”) las dificultades de compaginar su vida familiar y profesional en una entrevista reciente.

Si esto sucede a personas de un nivel económico y laboral destacado, podemos imaginar la realidad doliente del día a día de millones de mujeres en nuestro país. Hay una gran brecha entre la belleza de las leyes en el BOE y su aplicación en la vida real.

Según la última encuesta de Empleo del Tiempo (EET) del Instituto Nacional de Estadística la vida en los hogares está lejos de acercarse a la igualdad real entre hombres y mujeres. La mujer dedica al hogar y la familia más del doble de tiempo que el hombre (4h.04´frente a 1h50´) y dispone de la mitad de tiempo que el hombre para disfrutar de sus aficiones (0h.23´frente a 0h.44´). La situación ha mejorado con respecto a estadísticas anteriores, pero el avance es muy lento.

¿Notas ese avance en tu hogar? O en tu caso la conciliación sigue teniendo el nombre de los abuelos.

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¿Te sientes mujer TATT? Cambia de T.

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¿Descansas todo el fin de semana y llega el lunes y te sientes igual de cansada que el viernes? ¿Te aburren cosas que antes de divertían? ¿Sigues dándole vueltas a cosas pendientes aunque estés con amigos o en el cine? ¿La cabeza no para de hablarte de deberes y tareas? Seguro que muchas personas se reconocen en el retrato descrito. Esta sensación vital se describe en inglés con las siglas TATT, que expresan la frase Tired all the time (“Cansada todo el tiempo”) y es una dolencia que afecta de manera mayoritaria a mujeres mayores de 30 años.

Las mujeres TATT conviven con una fatiga constante, sienten un bajo nivel de energía para las actividades diarias, tienen más dificultades para concentrarse y son propensas a desarrollar algunas patologías médicas a posteriori. Las causas son un sumatorio que incluye las dificultades de la conciliación real, las labores domésticas escasamente compartidas y la invasión de la vida personal por las obligaciones laborales.

Si te sientes TATT lo primero es una visita al médico. Hay algunas enfermedades que pueden comenzar a producirte esa sensación de cansancio continuado e indefinido: diabetes, anemia o insuficiencia suprarrenal, que ya sería un caso más grave. Un buen chequeo y explicar al médico los síntomas con profundidad es siempre la mejor decisión. Prevenir es un camino correcto para sentirse bien.

Si todo está en orden en el chequeo, te tocará recurrir a las armas cotidianas. Constancia en unos horarios de descanso, priorizar las tareas más importantes, establecer las bases de una alimentación equilibrada puede ayudarte. En ocasiones nos dejamos invadir por la prisa y el estrés. Resistir y sentir que ganas terreno a esa invasión es una pequeña victoria de cada día que te hará sentir bien.

¿Tired? No, tu T es la de tranquila, talentosa, trabajadora y tenaz.

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El síndrome de la mujer agotada

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La última Encuesta de Población Activa que ha publicado el INE cifra en 18,998 millones el número de ocupados que había en España a cierre de 2017. De ellos, 8,65 millones son mujeres, lo que significa que el 45% de la fuerza laboral actual del país está en manos de ellas.

Atrás quedan los tiempos en los que las mujeres quedaban relegadas al ámbito doméstico y son muchas las que trabajan en la actualidad fuera y dentro de sus casas.  Sin embargo, muchas viven con la continua sensación de que “no les da la vida” y hacen malabarismos para coordinar y dedicar tiempo a todas las partes de su vida. Es lo que se conoce como el síndrome de la mujer agotada. En España aún no se trata como un mal diagnosticado, pero en Inglaterra, el Servicio Nacional de Salud ya usa el término TATT que equivale a «Tired all the time», es decir, “cansadas todo el tiempo”.

Probablemente sea ya el mal del siglo XXI entre las mujeres de España por lo que, para afrontarlo y prevenirlo, sugerimos las siguientes recomendaciones:

  • Comprométete a cuidarte. No te sientas culpable por dedicarte tiempo y atención.
  • Autoconciencia: presta más atención a lo que estás haciendo en cada momento, no pienses en todo lo que necesitas hacer después.
  • Empieza el día con un buen desayuno. Desayuna de forma consistente. Levántate un cuarto de hora antes o deja preparado el desayuno el día anterior. ¡Y aliméntate bien el resto del día!
  • Desconecta: cuando vuelvas a casa no contestes llamadas de teléfono o mails. El trabajo, en el trabajo.
  • Delega: Tu pareja puede hacer las tareas domésticas igual de bien o mejor que tú. 
  • ¡Haz ejercicio! Si tienes poco tiempo, te bastará con una rutina corta al día, pero con constancia.
  • Conecta con tu silencio interior. Aprende a oxigenarte y a calmar tu mente con meditación.
  • Descansa bien. El descanso es fundamental para regenerarte y tener energía vital.

¿Y tú? ¿Te sientes cansada física o emocionalmente? ¿Cómo afrontas la conciliación laboral, familiar y personal? ¿Cuáles son tus trucos personales o de pareja para combatir el síndrome de la mujer agotada?

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