ALIMENTACIÓN

La dieta veggie, ¿la alimentación del futuro?

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La alimentación veggie, entendida como aquella en la que predomina el consumo de vegetales, se ha instalado en muchas cocinas españolas.

Según el informe ”The Green Revolution 2019” en España ya existen 3,8 millones de consumidores veggies, cifra que ha crecido en los dos últimos años a un ritmo de más de 400 mil españoles cada año. Aunque dentro de la Unión Europea países como Italia, Alemania o Austria siguen a la cabeza de esta opción alimenticia; en España  lo veggie se ha convertido en tendencia, afianzándose como una de las tendencias de alimentación para el 2019 con mayor número de seguidores.

Dentro de la gran familia de los veggies conviven diferentes grupos, encontrándonos entre ellos:

Veganos: dieta totalmente vegetal (0,5%frente al 0,2% en 2017)

Vegetarianos: incluye algún producto derivado animal como leche, huevos o miel (1,5% frente al 1,3% en 2017)

Flexiterianos: consume carne o pescado, pero solo ocasionalmente (7,9% frente a un 6,3% en 2017)

Según el estudio, el motivo principal por el que muchos han optado por arrinconar en su despensa alimentos de origen animal, es la salud. Siendo los jóvenes de entre 18 y 25 años, el perfil que mejor ha acogido la dieta veggie.

Sin embargo, a pesar del crecimiento exponencial que protagoniza esta alimentación, la dieta mediterránea sigue llevando la delantera. Contando con el título de mejor dieta general del 2019, según los rankings anunciados por US News and World Report.

Otras subcategorias en las que también se hizo con el oro son: mejor dieta para una alimentación sana, mejor dieta basada en vegetales, mejor dieta para la diabetes y dieta más fácil.

Desde Kómoda nos preguntamos, ¿la dieta veggie llegará a adueñarse de nuestros fogones? o ¿continuará siendo la dieta mediterránea estandarte de la cocina española?

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Atragantados por los Smartphone

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Hoy en día es, para muchos, impensable salir de casa sin su teléfono móvil. Los Smartphone se han convertido en una herramienta casi imprescindible para la mayoría de los mortales. Según expone el informe Global Consumer Survey 2017, un 94% de los encuestados afirma haber utilizado su Smartphone en las últimas 24 horas.

Pedir una cita médica, realizar una gestión administrativa, enviar un mail o hacer la compra, son tareas que realizamos con total normalidad a través de una pequeña pantalla transportable. No obstante, aunque son muchas ventajas las que nos ofrecen estos aparatos, no todo es oro lo que reluce. Nuestra concentración ha mermado y nuestras habilidades sociales empeorado.

Uno de los escenarios en el que observamos con nitidez estas afirmaciones es a la hora de comer. Ocho de cada diez personas están pendientes del móvil mientras comen y un 60% deja el teléfono sobre la mesa mientras degusta su comida, generalmente con el sonido activado, según el estudio ‘Cómo comen los españoles’ elaborado por Elena Espeitx, del Grupo de Investigación Bienestar y Capital Social de la Universidad de Zaragoza.

Hemos priorizado a esas pequeñas pantallas llenas de información a las historias y anécdotas que pueden regalarnos un compañero de mesa. Y en caso de no ser así, nos limitamos a oír y no a escuchar, distraídos por esa lucecita que nos avisa de un nuevo mail, llamada o notificación.

Los Smartphone han llegado para quedarse, ¿pero tenemos que tenerlos hasta en la sopa?

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Alimentación bien pelada

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En su lucha por favorecer el mejor estado de salud posible, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan 400 gramos de frutas y hortalizas por día y por persona.

Uno de los principales problemas que entrañan este tipo de propuestas sanas están relacionadas con los precios de los productos. Eso invalida su aplicación para buena parte de la población mundial. Para los afortunados que vivimos en la parte buena del primer mundo, otro impedimento -de mucho menor rango, pero real como la vida misma- es la pereza que nos da comer frutas u hortalizas sin que nos las ofrezcan debidamente peladas.

De hecho, un estudio publicado por la revista American Journal of Preventive Medicine afirma que los niños y los adolescentes incrementan el consumo de fruta hasta en un 70% cuando se les ofrece pelada y cortada.

Esta tendencia, que ha propiciado la comercialización de frutas y hortalizas mínimamente procesadas, tiene un inconveniente asociado con la pérdida de la piel. la piel de las frutas y verduras aporta mucha fibra y favorece el tránsito intestinal. Además, según los expertos en nutrición, pelar estos alimentos anula gran parte de los beneficios que poseen, puesto que la piel protege los nutrientes básicos de la fruta como son los antioxidantes.

Al margen de las consideraciones expuestas, la comodidad aplicada a la ingesta gana adeptos por los tiempos de consumo rápido que vivimos, pero no es nada netamente nuevo. El denominado arroz del senyoret era el arroz que se servía a los señoritos de la zona de Alicante, para que no tuviesen que mancharse las manos pelando gambas. Este plato lleva las gambas ya peladas, los mejillones fuera de las conchas, la sepia troceada en piezas pequeñas para llevarla directamente a la boca sin tener que usar el cuchillo.

En fin: magis comfortable, melius manducare (más cómodo, mejor para comer)

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“Comidas en familia”

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Comer acompañado es mucho más beneficioso de lo que uno se imagina, no sólo a nivel emocional o mental, sino también a nivel físico.

Podemos citar ventajas desde la socialización y la convivencia en todo su esplendor, sobre todo en cuanto al desarrollo social, el lenguaje, la empatía o el interés por quienes nos rodean. Pero también en la salud y la forma física ya que cada vez que comemos acompañados somos más conscientes de las cantidades que consumimos, degustamos los ingredientes del plato, masticamos más y, en resumen, prestamos más atención a lo que nos rodea. 

Hoy en día es difícil desconectar de las pantallas, es complicado comer sin mirar el móvil, sin ver las noticias en la televisión o sin entretener a los más pequeños con la tablet. Parece que antes de sentarnos a comer ya tenemos prisa por levantarnos y seguir trabajando.

Juntarse a la hora de comer significa disfrutar de una comida juntos; un momento del día en el que todos pueden participar, desde los más pequeños que pueden poner la mesa o hacer de pinches, hasta los más mayores dando conversación o ayudando a los pequeños. No se puede ignorar la importancia de la convivencia y la interacción que forman parte de nuestra cultura ya que es un momento perfecto para crear vínculos e incluso para prevenir futuros problemas de alimentación en los más pequeños.

Cuando se tiene la costumbre de comer acompañado desde que se es joven, se aprende a identificar mejor los alimentos, las cantidades y la forma de prepararlos reduciendo así el riesgo de obesidad a causa de una mala alimentación.

La tendencia actual es comer solo, a toda velocidad, de un tupper o pidiendo comida a domicilio, pero las ventajas de hacer lo contrario están ahí. Y tú ¿comes solo o compartes mesa con la familia o amigos?

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Comer delante de las pantallas

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Varios estudios avalan los efectos negativos de consumir alimentos delante de una pantalla de ordenador en el trabajo o mientras se ve algún programa de televisión en casa a la hora de comer. Aunque los datos son sorprendentes, es habitual encontrarse en la oficina a empleados que comen en su mismo sitio de trabajo siendo interrumpidos constantemente con llamadas, reuniones y “cosas del trabajo”.

Si se come mientras se trabaja, el cerebro no desconecta y no puede descansar de sí mismo. La hora de comer debe servir para que el cerebro repose por la actividad y el esfuerzo que ha estado realizando.  Una pausa para centrarse en otra cosa distinta, como por ejemplo alimentarse bien.

Cuando se come mirando a la pantalla se ingieren más alimentos en menos tiempo, además de aumentar el apetito e inhibir la sensación de saciedad. En resumen, comemos más en menos tiempo y vamos aumentando progresivamente las cantidades.

En términos de salud, pueden producirse diversas consecuencias negativas derivadas de esta mala costumbre como el cansancio, el estrés crónico o la ansiedad al no ser capaz de desconectar. Por otra parte, en términos de ser social, también podemos perdernos una conversación interesante en familia, el disfrute de una buena comida o un minuto para respirar hondo y relajarse.

Comer en casa no siempre es posible y la comida a domicilio se abre camino en nuestra mesa tanto en el trabajo como en casa, pero ¿no sería mejor parar a la hora de comer, para comer?

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Tupper vs comida a domicilio, ¿quién ganará en nuestra mesa?

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Un estudio reciente publicado en el portal British Journal of Nutrition advierte que la alimentación en España se está globalizando lo que implica desterrar nuestros hábitos alimentarios saludables basados en productos agrarios de tendencia estacional para adoptar como santa y seña la comida de franquicia.


El triunfo de las franquicias está íntimamente relacionado con el ajetreo de la vida laboral ya que, en numerosas ocasiones, hemos restado tiempo y cantidad de comida al mediodía para seguir tecleando en nuestras pantallas y así poder tachar tareas en esa interminable lista de quehaceres que, a su vez, deriva en horas extra en la oficina día tras día. 


Respetar los horarios es una de las claves para no padecer el denominado estrés laboral crónico, sin embargo, el reloj en España es nuestro talón de Aquiles. El biotecnólogo José Miguel Mulet, advierte que en nuestro país los horarios son muy tardíos por lo que comer poco al mediodía y aumentar la porción en la cena se postula complejo ya que esta fórmula para reducir el cansancio solo funcionaría si cenásemos más temprano. 


Plantearle a los españoles que cenen a las seis de la tarde como lo llevan haciendo siglos los ingleses, alemanes o estadounidense, es poco factible a no ser que se reduzca finalmente la jornada laboral y se establezca la flexibilidad. Mientras este hecho no se convierte en realidad, 22 millones de españoles sucumben a los nuevos canales de comida a domicilio, según el informe de Kantar Worldpanel. 


El consumidor español del siglo XXI cocina menos, no le gusta perder el tiempo fregando y busca a golpe de click en una de sus pestañas del ordenador opciones que le traigan a la mesa comidas saludables mientras continúa enfrascado en la hipertextualidad de su black mirror. 


El envío de comida a domicilio conquista a todos los segmentos de edad, siendo el target de 25 a 34 años (58,2%) el que más apuesta por esta opción a la hora de comer. La tendencia de la comida a domicilio está en alza, sin embargo, todavía hoy en día siete de cada diez españoles elaboran y llevan diariamente su tupper al trabajo. 


La falta de tiempo provoca que la mayor parte de los tuppers que inundan las oficinas contengan pasta (28%), arroz con pollo (21%) o ensalada (21%), lo que a su vez impulsa a 2 de cada 10 trabajadores a sentir envidia del compañero cuya fiambrera esconde un menú elaborado.


Las empresas de comida a domicilio han analizado este problema y han visto cuota de mercado por lo que ya han puesto en marcha el reparto de una amplia variedad de tuppers cuya carta se modifica semanalmente para evitar el cansancio alimentario. 

¿Sucumbiremos a esta nueva moda o destinaremos 15 minutos de nuestra vida a seguir preparando nuestros tuppers?

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