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LGBTIQ +Tecnología = ¿50 años de avances?

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Medio siglo ha transcurrido desde aquel 28 de Junio de 1960 en el que tuvieron lugar los disturbios de Stonewall y con ellos la primera avanzadilla de la lucha por los derechos de los homosexuales. En el barrio neoyorquino de Greenwich Village, una redada policial en el pub Stonewall Inn, lugar de reunión y refugio de gays, lesbianas, transexuales, drag queens y demás integrantes de esta comunidad, se erigió como hecho detonante del movimiento moderno pro-derechos LGBT. Desde entonces, otros muchos acontecimientos han sido susceptibles de ser resaltados en el calendario, algunos alentadores y otros devastadores, convirtiendo los derechos del colectivo LGTBIQ en una especie de cuerda en la que unos y otros tiran para sí en función de su ideología y valores.

Desde Kómoda, siendo su objeto de estudio la repercusión de la tecnología en los diferentes ámbitos de la realidad, nos interesa saber cómo se ha materializado dicha repercusión en la vida de aquellos que se sienten parte de este colectivo. Concretamente en el efecto que los avances tecnológicos han tenido tanto en la concepción como en la percepción del mismo, analizando a raíz de ello cómo han sido orientados tales avances. Para lo cual, pondremos sobre la mesa alguna de las aplicaciones que han estado o están al alcance de cualquier usuario de Smartphone.

Y si hablamos de “apps” y popularidad, Grindr escala hasta los primeros puestos, siendo definida en su página web como “la aplicación de redes sociales más grande del mundo para personas gays, bi, trans y queer”. Y es que si hace un tiempo ya hablamos de que hasta Romeo y Julieta están en Tinder, la app melliza para heterosexuales, Grindr no se queda atrás. Con más de 10 millones de descargas podemos afirmar que si Romeo en lugar de sentirse atraído por Julieta lo hubiera estado por Mercucio, su app hubiese sido Grindr. 

Jesús Generelo, presidente de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), expresaba en unas declaraciones que las apps de este tipo, aun teniendo presente la doble cara de las redes sociales así como los inconvenientes que de las mismas se desprenden, han sido de gran ayuda para el colectivo en cuanto a información, comunicación y sobretodo visualización. En algunos países, tales como Irán o Rusia, donde el menor de los males para la homosexualidad es ser un tabú, siendo para muchos motivo de agresión, estas apps constituyen unas de las pocas vías de escape para la opresión a la que se encuentran sometidos. Otro ejemplo de ello es la plataforma “Children 404”, donde jóvenes gays, lesbianas o trans residentes en Rusia pueden encontrar un brazo amigo.

Estas aplicaciones son una pequeña muestra del uso y materialización de la tecnología de modo concreto. De manera más abstracta, un estudio publicado en el Journal of Homosexuality que analizó una encuesta aplicada a 30.000 estudiantes de seis países latinoamericanos, llegó a la conclusión de que los jóvenes son cada vez más tolerantes frente a la homosexualidad y que las nuevas tecnologías parecen propiciarlo.

La orientación sexual así como la identidad de género, independientemente de la forma que adopten, tanto en aquel verano de 1960 como en este de 2019, revisten la misma veracidad e irrefutabilidad. Puede que el molde sea distinto, pero el contenido sigue siendo el mismo. ¿O puede que no? ¿Nuestro contexto, fundamentalmente tecnológico, ha afectado a la esencia de aquel movimiento moderno pro-derechos LGBT? Y de ser así, ¿ha sido en pro o en contra del movimiento?

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