Navidad: unos pringan y otros no

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Como diría Michael Bublé con esa voz tan grave, tan suya y tan navideña: It’s beginning to look a lot like Christmas, everywhere you go.

Y es que sí, amig@s, un año más ya está aquí la Navidad. Ansiada para muchos y temida por otros tantos, lo cierto es que es una época que a nadie deja indiferente. De esas cosas que polarizan al país, como Belén Esteban o la cebolla en la tortilla.

En apenas un par días, damos el pistoletazo de salida oficial. Ya van terminando las comidas de empresa y dan paso a las cenas familiares, los amigos invisibles y, en general, todo aquello que conlleve manjares y regalos. Comienza, en definitiva, la época fetiche de todos los que buscamos una excusa perfecta para llevarnos cualquier cosa a la boca sin sentirnos culpables.

Las gambas, los cochinillos, los jamones, los turrones, polvorones, roscones y, si apuráis, hasta canelones. En Navidad, vale todo lo que acabe en –ón. O sea, todo lo que viene siendo sinónimo de grande, vistoso y empachoso.

Vacaciones, por fin

Comida a un lado, la Navidad también es época de muchas otras cosas. De volver a casa con los nuestros cuando los tenemos lejos. De los paseos por el centro histórico iluminado de nuestras ciudades. De los villancicos en el coche. De los churros con chocolate. Y de las tardes de sofá y manta viendo películas temáticas ambientadas en las nevadas calles de Nueva York.

Pero, sobre todo -y eso es lo que aquí más nos interesa-, la Navidad es época de una cosa: descanso. Y es que, ¿qué sería de nuestra vida sin esa semanita de vacaciones invernales para desconectar y recargar las pilas?

Pasar tiempo con los nuestros y dedicarnos a aquello que nos gusta –que muchas veces es a no hacer nada- es el mayor regalo que nos pueden hacer por Navidad. El momento perfecto para tomarse un respiro y sacudirse el estrés.  

Es por eso que hoy, desde aquí, queremos romper una lanza en favor de esas figuras universales sin las que nuestra Navidad no sería posible y que, sin embargo, no descansan tanto como nosotros: los que pringan -porque sí, en toda familia hay uno que pringa-.

Los que pringan

Ya sea la abuela, el tío, papá o mamá, hay quien la Navidad no la vive tan a gusto porque, lejos de relajarse, lo que recibe es una carga de estrés adicional:

¿Qué pongo yo ahora para cenar? ¿Compro dos paletillas o mejor un jamón? ¿Las gambas las hago a la plancha o al horno? ¿La tía Carmen es celíaca, verdad? El niño no come carne. A Agustín no le gusta el ajo…

¡Ay, por Dios, que ganas de que pasen ya las fiestas!

Seguro que esta secuencia no os suena extraña. Se repite año tras año, en boca de alguien, en todas las casas de este país. Por desgracia, hay quienes no pueden disfrutar de la Navidad tanto como nosotros porque su labor es, precisamente, la de hacer que nosotros la disfrutemos.

Hablamos de esos héroes y heroínas capaces de reunir a sus familias en torno a una mesa, articular 3 menús distintos y consecutivos para 14 comensales, comprar regalos para 3 hijos, 4 nietos y 8 sobrinos y, aun así, no morir en el intento. Son todos aquellos para los que las vacaciones, lejos del 22 de diciembre, empiezan realmente el día 7 de enero.

Por eso este año, desde Kómoda, vamos a pedir como deseo de Navidad una sola cosa: que todos seamos capaces de relajarnos y disfrutar de las fiestas como las vacaciones que son.

Si eres de los que pringan, te mandamos un sentido abrazo.

Y, si no lo eres, arrima el hombro, chiquill@. Que no cuesta tanto.

¡¡¡Feliz Navidad!!!

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