Muertos de cansancio

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Que a todos “nos llega la hora” es una realidad que aunque generalmente intentemos omitir, más en una sociedad tecnológica edulcorada por esa imagen perfecta que muchos tratan de reflejar en las redes sociales, es un hecho irrefutable nos guste o no.

Lo que no está tan claro es el modo en el que sucederá. La más comúnmente conocida “parca”, puede sorprendernos en cualquier momento, con o sin aviso previo. El Instituto Nacional de Estadística arroja luz sobre ello, exponiendo que los motivos más frecuentes de las defunciones entre los españoles son: enfermedades del sistema circulatorio y tumores.

Tales datos sostienen nuestra ancestral creencia de vincular la muerte con enfermedad o vejez, caminando entre los pasillos de un hospital o a los pies del lecho de algún anciano. Sin embargo, pensar en ella acechándonos en nuestro puesto de trabajo, es mucho menos habitual.

El profesor de la Escuela de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford, Jeffrey Pfeffer, en su último libro “Muriendo por un salario” (Dying for a paycheck) acusa a la vida laboral de ser causa y motivo del fin de nuestros días.

“El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa” asegura el autor. Y es que factores como el estrés crónico, largas jornadas y un insuficiente descanso hacen mella en nuestra salud. Concretamente, según apuntan las evidencias recopiladas por Pfeffer, en Estados Unidos el 61% de los empleados opina que el estrés los ha enfermado y el 7% afirma haber sido hospitalizado por causas relacionadas con el trabajo; constituyendo la vida laboral la quinta causa de muerte en EE. UU.

Estamos de acuerdo en que la rutina de trabajo puede ser, en cualquier caso, insufrible o tediosa, pero ¿también mortal?