Alimentación bien pelada

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En su lucha por favorecer el mejor estado de salud posible, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan 400 gramos de frutas y hortalizas por día y por persona.

Uno de los principales problemas que entrañan este tipo de propuestas sanas están relacionadas con los precios de los productos. Eso invalida su aplicación para buena parte de la población mundial. Para los afortunados que vivimos en la parte buena del primer mundo, otro impedimento -de mucho menor rango, pero real como la vida misma- es la pereza que nos da comer frutas u hortalizas sin que nos las ofrezcan debidamente peladas.

De hecho, un estudio publicado por la revista American Journal of Preventive Medicine afirma que los niños y los adolescentes incrementan el consumo de fruta hasta en un 70% cuando se les ofrece pelada y cortada.

Esta tendencia, que ha propiciado la comercialización de frutas y hortalizas mínimamente procesadas, tiene un inconveniente asociado con la pérdida de la piel. la piel de las frutas y verduras aporta mucha fibra y favorece el tránsito intestinal. Además, según los expertos en nutrición, pelar estos alimentos anula gran parte de los beneficios que poseen, puesto que la piel protege los nutrientes básicos de la fruta como son los antioxidantes.

Al margen de las consideraciones expuestas, la comodidad aplicada a la ingesta gana adeptos por los tiempos de consumo rápido que vivimos, pero no es nada netamente nuevo. El denominado arroz del senyoret era el arroz que se servía a los señoritos de la zona de Alicante, para que no tuviesen que mancharse las manos pelando gambas. Este plato lleva las gambas ya peladas, los mejillones fuera de las conchas, la sepia troceada en piezas pequeñas para llevarla directamente a la boca sin tener que usar el cuchillo.

En fin: magis comfortable, melius manducare (más cómodo, mejor para comer)