¿Podemos alcanzar el nexo cuerpo-mente-alma en una sociedad estresada?

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Aplicar la sabiduría clásica que nos enseñó el poeta romano Juvenal a través de su frase célebre “mens sana in corpore sano” en la actualidad asemeja un hecho un tanto complejo. Nos hemos acostumbrado a no parar por lo que parece que está prohibido aburrirse o sacar 5 minutos para dedicarlos a conectar cuerpo-mente-alma.

El estudio Psicología de la salud y calidad de vida expone que llevar una vida sedentaria favorece el cúmulo de tensiones y provoca alteraciones físicas y emocionales, sin embargo, las personas que realizan ejercicio con asiduidad se libran de esta presión de forma natural. Y es que para alcanzar el equilibrio o la paz interior es importante mantener una alimentación alejada de las pantallas así como aprender a coordinar la respiración con el movimiento cuando hacemos deporte.

El concepto respiración en algunos idiomas va ligado a términos como vida, alma o espíritu; uno de los ejemplos es la palabra del griego antiguo Pneuma. Aprender técnicas adecuadas de inhalación y exhalación de aire es fundamental ya que no produce los mismos beneficios la respiración abdominal que la diafragmática. La primera aumenta la capacidad pulmonar mientras que la segunda mantiene a raya la ansiedad.

Por otra parte, la conexión cuerpo-mente-alma y la respiración son esenciales en algunos deportes como por ejemplo el yoga, el pilates, el tai chi, el running, el crossfit o en los ejercicios aneróbicos como levantar pesas.

Intentar conectar con nosotros mismos no es tarea fácil y más cuando eres un principiante fitness. La fundadora y directora de Californian Hot Yoga, Macarena Cutillas, es conocedora de las dificultades que entraña la espiritualidad pero afirma que “no importa cuántas veces se vaya tu mente sino las veces que eres capaz de traerla al momento presente. Meditar es simplemente traer de nuevo a casa, tu mente”. A estas declaraciones, el actor Nicolás Coronado agrega que esta técnica se convierte en “el observador de tus tormentas internas”.

 ¿Estamos acomodados por eso preferimos el suave abandono al que nos avoca Netflix antes que conectar con nuestro yo interior? O ¿El estrés nos está bloqueando?