“Comidas en familia”

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Comer acompañado es mucho más beneficioso de lo que uno se imagina, no sólo a nivel emocional o mental, sino también a nivel físico.

Podemos citar ventajas desde la socialización y la convivencia en todo su esplendor, sobre todo en cuanto al desarrollo social, el lenguaje, la empatía o el interés por quienes nos rodean. Pero también en la salud y la forma física ya que cada vez que comemos acompañados somos más conscientes de las cantidades que consumimos, degustamos los ingredientes del plato, masticamos más y, en resumen, prestamos más atención a lo que nos rodea. 

Hoy en día es difícil desconectar de las pantallas, es complicado comer sin mirar el móvil, sin ver las noticias en la televisión o sin entretener a los más pequeños con la tablet. Parece que antes de sentarnos a comer ya tenemos prisa por levantarnos y seguir trabajando.

Juntarse a la hora de comer significa disfrutar de una comida juntos; un momento del día en el que todos pueden participar, desde los más pequeños que pueden poner la mesa o hacer de pinches, hasta los más mayores dando conversación o ayudando a los pequeños. No se puede ignorar la importancia de la convivencia y la interacción que forman parte de nuestra cultura ya que es un momento perfecto para crear vínculos e incluso para prevenir futuros problemas de alimentación en los más pequeños.

Cuando se tiene la costumbre de comer acompañado desde que se es joven, se aprende a identificar mejor los alimentos, las cantidades y la forma de prepararlos reduciendo así el riesgo de obesidad a causa de una mala alimentación.

La tendencia actual es comer solo, a toda velocidad, de un tupper o pidiendo comida a domicilio, pero las ventajas de hacer lo contrario están ahí. Y tú ¿comes solo o compartes mesa con la familia o amigos?