El cansancio es contagioso ¡protégete!

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Todos hemos sentido en muchas ocasiones un “algo” indefinible que nos hacía cuesta arriba el acudir a una cita con alguien, sabedores de que nos iba a “dar la chapa” con sus problemas y preocupaciones, siempre distintos pero siempre los mismos. Todos somos culpables de haber preguntado, antes de confirmar la asistencia a una reunión de amigos ¿pero…está fulanito? Hay personas que nos agotan. Hacen que cuando lleguemos a casa nos derrumbemos sobre el sofá, como si viniésemos de correr el Maratón de Nueva York y solo hemos estado tomando unas cañas.

Sucede porque nos contagian el cansancio vital que ellos arrastran. Son capaces de moldear nuestro estado de ánimo y contagiarnos su actitud ante el mundo. No lo hacen de forma consciente, pero resultan dañinos para nuestra energía interior.

Las emociones se contagian. Este es el tema de que estudió con gran éxito Daniel Goleman, psicólogo de la Universidad de Harvard y que publicó en el libro “Inteligencia Social”. Nuestro cerebro, explica, está programado para conectar con los demás por una cuestión de supervivencia de la especie, pero ahora, en el siglo XXI, necesitamos mecanismos para huir de aquellas personas que nos influyen transmitiéndonos su angustia, tristeza, pesimismo o cansancio.

¿Qué podemos hacer? Van tres consejos:

1. Evitarlas. Seguro que no te pillan por sorpresa porque las tienes identificadas. En lo posible evita coincidir con ellas.

2. Ignorarlas. Vale, no has podido evitarlas, pues rodéate de otras personas, ocupa tu atención, no abras una brecha por la que pueda entrar.

3.Defenderte. Si llega a ti a pesar de todo, combate. Sé positivo y no caigas en atacar con las mismas armas. Si te pones borde, contestas con ira o te invade la desgana…¡ya estarás contagiado!

Son solo tres consejos generales, pero seguro que tú tienes consejos particulares ¿Qué haces para evitar contagiarte? ¡Cuéntanos tus trucos!