Hay un elefante en la habitación (y puede matarte)

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Como nosotros, los norteamericanos tienen un abanico de miedos para escoger al salir de casa. Miedo a un accidente de coche de camino al trabajo, miedo a una caída, miedo a un incendio, a que les ataque un perro o a que el avión o el tren se estrelle. Lo que no saben es que hay muchas más probabilidades de morir de una sobredosis de opiáceos (1 entre 96) que de cualquiera de las otras formas citadas.

Quizás no quieran saberlo; porque,­­ desde hace años, los informes ofrecen cifras escandalosas que revelan una realidad que nadie quiere admitir: la sociedad estadounidense consume medicamentos contra el dolor de forma compulsiva y adictiva. En un mundo que sitúa el placer como uno de sus dioses lares, el dolor se convierte en pecado capital y ante el mínimo síntoma uno puede huir de él a través de una receta médica.

La sobredosis de opiáceos mata cada día a más de 130 estadounidenses. Cada año mueren casi 50.000 personas.  Más de 4 millones de personas son adictas a los analgésicos de prescripción médica en todo el país, entre ellos 250.000 adolescentes, según información de la agencia EFE.

La oxicodona, con la Vicodina como una de sus formas comerciales más conocidas, produce euforia, relajación general y reducción del dolor; pero también fatiga, mareos, somnolencia o pérdida del apetito. El médico la receta para paliar el dolor de alguna lesión. La lesión se cura…pero el paciente sigue necesitando el medicamento para su vida diaria. La adicción a los opiáceos es como el elefante en la habitación, todo el mundo lo ve, pero nadie quiere hablar de él, pensando que desaparecerá por sí mismo.

Seguro que recuerdas al famoso Doctor House y su adicción a la Vicodina (en su caso para paliar el dolor real de su pierna). La Vicodina mató a Prince, pero otros famosos han confesado su adicción, como Matthew Perry (Friends) o Demi Lovato.

En octubre de 2018, el Congreso y el Senado de los Estados Unidos aprobaron una ley llamada “Ley de apoyo a los pacientes y a sus comunidades” que busca reducir la facilidad de acceso a los opiáceos y abrir otras vías para el tratamiento de algunas enfermedades.

La administración ha abierto los ojos y ha comenzado a actuar. Ya se ha aceptado que el elefante está en la habitación… y que puede matarte.