El sedentarismo nos va ganando (desde 1838)

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“Se lleva una vida sedentaria, no se sale del gabinete y cuando ya está toda la máquina desarreglada, debilitada y viciada por la inacción, se procura reanimarla a fuerza de estimulantes y de opíparos banquetes”. (1838).

Esta opinión, que parece de hoy mismo, es de una publicación de 1838 que puede consultarse en la Biblioteca Digital Hispánica y que analiza “El régimen diétetico y su influencia en la salud”. La revista, en la cual colaboraba el gran José Zorrilla, se llamaba “El Museo de las Familias” y acercaba a los lectores españoles las nuevas costumbres sociales europeas de todo tipo, también en cuanto al comer y beber. La sociedad era muy distinta a la nuestra, sin duda, pero su lectura demuestra que ya luchábamos con un problema que nos ha acompañado hasta nuestros días: el sedentarismo.

Las ciudades crecían, la revolución industrial cambiaba el modo de trabajar y un gran número de operarios comenzaban a llevar una vida “de oficina”. Ya entonces, a mediados del XIX, los doctores percibían el peligro que para la salud general representaba el modo de vida sedentario. Ya no era necesario comer como cuando se trabajaba en el campo.

Recomiendan en ese mismo artículo: “Nuestra opinión es que tres comidas diarias, dos ligeras y una más sólida, es lo que conviene a todos”. También sugiere un cambio en los horarios: “Estamos muy lejos de dar importancia a las horas de las comidas. Solo diremos que el desarreglo en ellas puede perjudicar la salud. (…) Hoy día nos levantamos de la mesa (en la cena) a la hora en la que Lord Bacon se acostaba”.

Han pasado 181 años desde este artículo y ¿no seguimos luchando contra los mismos errores? Al sedentarismo se le han sumado muchos otros factores en estos dos siglos, pero seguimos comiendo mal, cenando a horas intempestivas y también tratamos de reanimarnos con estimulantes y atracones.

¿Y a ti? ¿Te echarían la bronca los doctores de 1838? ¿O estás ganando la batalla al sedentarismo?