El doloroso cansancio del paro

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El nuevo año nació con datos positivos respecto a las cifras del paro, ya que el número de desempleados inscritos en el SEPE descendió en 2018. A pesar de la buena noticia, había todavía 3.202.297 personas que buscaban empleo en España. Conviene dar un dato sin números redondos, porque en el caso del desempleo, detrás de cada número hay una persona, una vida, un futuro y, normalmente, un dolor escondido y duradero.

Los psicólogos señalan que una permanencia larga en el paro puede afectar a nuestra salud mental, pudiendo mostrar signos de comienzos de depresión que hay que atender y evaluar. La ansiedad se apodera del tiempo del parado y este, en ocasiones, hasta se siente culpable si ve la televisión o hace alguna tarea que no sea buscar empleo todo su tiempo.

Pero las consecuencias pasan a menudo a lo físico. El paro de larga duración se enrosca también en el cuerpo. Con la ansiedad llegan los trastornos del sueño y esto, extendido durante meses (o años), lleva a un estado físico de cansancio indefinido pero abrumador que, a su vez, dificulta encontrar empleo, entrando en una espiral que empeora nuestra salud general.

Establecer buenos hábitos de alimentación, respetar una rutina que incluya también el ocio entre sus “deberes”, intentar pensar de manera positiva o hacer algo de ejercicio cada día, aunque sea de modo breve y suave, son pautas que nos ayudarán a combatir el cansancio vital si estamos en desempleo.

En cierto modo, al igual que usamos internet, contactos, visitas, CV o entrevistas, podemos considerar a nuestro cuerpo como una herramienta más que utilizamos en nuestra búsqueda laboral. Cuidarlo, mimarlo y atenderlo es una forma de avanzar en el camino de encontrar empleo.

Y tú, ¿prestas la atención que merece a tu cuerpo y salud? ¿Qué rutinas forman parte de tu día a día?