La trampa del ocio negocio

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El trabajo y el ocio no son incompatibles, ya que se puede trabajar a gusto y encontrarnos con un ocio que nos aboca al aburrimiento o la insatisfacción. El trabajo puede vivirse con actitud positiva de quien disfruta de lo que hace. Por el contrario, hay quien se entrega a la diversión de forma mecánica, utilitarista o irracional. En algún momento, este ocio, aburre, deja de producir satisfacción y demanda dosis de estimulación más fuertes y cuantiosas o excitantes.

La palabra ocio comparte su esencia con las palabras libertad y amor, pues el ocio es liberación del trabajo, de la obligación, y también es todo lo que se realiza por el “placer y el gozo” de hacer sin pretender compensación.

Ocio no es antónimo de labor. La labor que se hace por ocio no cansa, no entristece, no aburre, no es energía malgastada que desvitaliza. La negación del ocio, de la libertad, de la vocación, del placer, del gozo, de la acción por amor…, es el negocio.

El ocio negocio se centra en el aprovechamiento y satisfacción egoístas del cuerpo. Alma y espíritu se pierden en su desarrollo. El ocio que no es genuino, sino que responde a esa necesidad de saciar, aparece en forma de tentaciones y sensaciones intensas e inmediatas, pero efímeras, que desaparecen tan pronto se experimentan para “repetirlas”.

Entonces, ¿viene la palabra negocio de “negar” el ocio?, ¿son “ocio” y “negocio” realmente términos contrapuestos?, ¿se puede disfrutar del ocio en el trabajo? ¿Es el llamado horario no laboral realmente garantía de ocio y disfrute? Tal vez fenómenos como el estrés laboral crónico estén invitándonos a cuestionar las bases del ocio y negocio tal y como lo entendíamos hasta la fecha. Tal vez el ocio pueda ser negocio y el negocio ocio.